Tiene poca lógica la percepción de que la captura de Javier Duarte es una medida electorera del partido en el gobierno para levantar las campañas de los candidatos priistas en las gubernaturas del Edomex, Coahuila y Nayarit, y las alcaldías en Veracruz.

¡Por favor! A ningún partido le beneficia que sean exhibidos sus corruptos. Así que, para el PRI, la caída del exgobernador de Veracruz ha venido a ser un batacazo mucho más fuerte de lo que lo era mientras se encontraba prófugo.

Después de seis meses de haberse esfumado, Duarte estaba siendo un espectro, una denuncia cansina de la oposición, una cadena de desfalcos por montos que ya escapaban a la imaginación de las personas comunes por ser tan altos, una mención en medios. Vamos, hasta se pensó estaba muerto.

Pero, ya capturado, Duarte se convierte en un símbolo tangible de la corrupción del PRI, en noticia de todos los días mientras duren las actuales campañas: un lapso que, para más, coincide con el periodo que debe durar el proceso de extradición.

Es decir: en las actuales campañas Duarte hacía menos daño al PRI estando prófugo que capturado. Ahora van a adquirir connotaciones todavía más indignantes las repeticiones de las noticias sobre sus grandes estafas, sus dinerales, sus ranchos, la impunidad con la que actuó durante seis años.

Mucho más si se tiene en cuenta que su caída se produce a pocos días de la de otro exgobernador priista, el tamaulipeco Tomás Yarrington, y de que existe una orden de búsqueda y captura contra el exgobernador de Chihuahua César Duarte.

Por eso tiene de todo, menos lógica, la creencia de los opositores al partido en el gobierno acerca de que Duarte es un chivo expiatorio para el partido en el gobierno. Porque, en todo caso, lo que hace pensar es que lo que querían era que Duarte… no fuera detenido.

Tampoco tiene mucha lógica la suposición de que el electorado que piensa que el PRI es corrupto, dejará de creerlo sólo porque un corrupto ha sido capturado. Considerarlo es, cuando menos, un insulto a la inteligencia y al sentido común de los ciudadanos.

Más bien, a quien beneficia la captura de Duarte es al PAN, el partido que más bandera ha hecho de la lucha contra la corrupción, y el único al que había tocado pagar el muerto político de un exgobernador encarcelado, el de Sonora Guillermo Padrés.

Y, dentro del PAN, al actual gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, el más feroz denunciante de los hechos de corrupción de Duarte y quien va a capitalizar como suya esta captura. Tanto, que lo convierte en un presidenciable fortísimo.

El principal ganador es Yunes.

Twitter: @ruben_cortes