Más allá de los gasolinazos, en sí; de “el mal manejo” del aterrizaje de la reforma energética, que sugieren como tesis algunos analistas; de nuestro sistema hacendario, que además de seguir incrementando impuestos, persiste con su proyección recaudatoria persiguiendo a la misma base de cautivos en vez de ampliarla; o de la situación económica de PEMEX, considero, estimado lector, lo siguiente:

Que del abanico de cosas que hay que criticar propositivamente, que son, además de las anteriores: la irresponsabilidad de los diversos gobiernos para la integración de policías confiables, la lenta materialización de las llamadas reformas estructurales, la tardanza del Congreso de la Unión para legislar la Ley de Seguridad Interior, el mal trato político de la reforma educativa, las malas Procuradurías de Justicia, Tribunales superados por saturación, gobiernos estatales insensibles, falta de técnica en las personas que integran los gabinetes, la descarada sumisión de los congresos locales a los gobernadores, y un largo etcétera; el problema de problemas, es la corrupción.

Esta práctica nociva, que proviene de la enfermedad consistente en la adicción por el dinero fácil, es, repito, el problema de problemas. Este padecimiento, que nace en las cúpulas de los gobiernos, se expande hasta en los niveles burocráticos de menor escala y que contagia a ciertos sectores de la sociedad, es el tema de temas, caray: es justo donde tenemos que seguir atacando.

Es de la deshonestidad de donde se deriva todo, del ejercicio irracional de los recursos públicos, de los enriquecimientos ilícitos inexplicables, de la ostentación. Ya no podemos permitir que una persona que gana en miles de pesos, en tres o seis años sea multimillonaria, junto con su familia y amigos.

Recuerdo que a mediados del año pasado, recién había regresado de la Ciudad de México, de aquel histórico acto en el que líderes empresariales de la COPARMEX de todo el país nos dimos cita en el Ángel para exigir un sistema nacional anticorrupción completo, (acto que, por cierto, tildo de histórico porque como no pasaba desde las olimpiadas de 1968, todos los medios de comunicación nacional impresa, le otorgaron su primera plana) escribí un texto que titulé: “Su nueva realidad”.

En dicho texto puse sobre la mesa que, para los políticos, aceptar su nueva realidad, es, además de asimilar ya la participación de la gente en los temas de interés público, aceptar la corrupción como el principal problema del país, por todas las repercusiones e incidencias directas e indirectas en los demás problemas.

Es que yo veo en la corrupción, estimado lector, el origen de todo lo demás. ¿Un ejemplo? Muchos: ¿Por qué tenemos el problema de las policías? Porque generalmente, gran parte de los cuerpos policiacos se dejaron corromper, y se vieron infiltrados hasta en los altos mandos.

¿Por qué PEMEX atraviesa una difícil situación financiera? Porque –entre otros factores-, años y años y más años fue explotada corruptoramente por la clase política (no me refiero solo a Romero Deschamps, si no a infinidad de contratos desproporcionados y a simulación).

¿Por qué los gobiernos federal y estatales están desesperadamente incrementando impuestos? Porque años y años y más años los presidentes y los gobernadores se endeudaron hasta donde pudieron y, sobre el presupuesto que adquirían a través de créditos bancarios, llevaban, en muchísimos contratos, un porcentaje, como si fueran comisionistas certificados por la sociedad. Y así podría seguir, hombre.

Por lo que a Tamaulipas respecta, no me parece mala señal que el Gobernador haya presentado sus declaraciones patrimonial, de intereses y fiscal en el portal “3 de 3” habilitado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), pues con independencia de su contenido, en estricto sentido jurídico no tiene obligación de hacerlo, sin embargo, sí la tenía con su palabra, pues la empeñó con los tamaulipecos como promesa de campaña.

Pero: ¿Y los demás miembros de su gabinete? ¿Y Almaraz? ¿Y Maki? ¿Y Magda?

En fin. Ya en 2016 se sintió la presión que impusimos desde la sociedad civil organizada, hasta lograr que la iniciativa ciudadana sobre el tema se convirtiera en ley (ley “3 de 3”). Ojalá en 2017 nuestros representantes políticos acepten su nueva realidad.

DESPACHO@TORREABOGADOS.COM