El gobierno no debe desatender ni menospreciar las protestas de estos días y las que están por venir. El que hayan estado aparejadas con actos de saqueos no les quita ni su origen ni su fuerza y peso social.

El país no había tenido movilizaciones de esta naturaleza desde hacía mucho tiempo. Las manifestaciones son genuinas y tienen qué ver con la inconformidad por el aumento en las gasolinas con eso que hemos llamado en los últimos años el “ánimo social”.

Las protestas llevan consignas que han estado desde hace tiempo en la mesa y que igual pasan por las exigencias de que renuncie Peña Nieto que por las críticas a su gobierno “corrupto” y por la mirada cada vez más crítica y severa en contra de la clase política, lo que incluye legisladores, funcionarios y partidos.

El gobierno está perdiendo de vista, no lo quiere ver o no lo ve, que detrás de las críticas y las protestas está la evaluación que hace la sociedad a su gobierno. Las respuestas que dio Peña Nieto, días después del cambio en el gabinete, tratando de explicar las razones técnicas de los aumentos, atienden razones técnicas y olvidan el hecho de que las reacciones sociales van también aparejadas de las percepciones que se tienen del Presidente y de su gobierno.

La “prudencia”, por decirlo de alguna manera, con la que se había manejado Peña Nieto respecto al gobierno de Felipe Calderón desapareció en un dos por tres. Da la impresión de que, independientemente de las razones técnicas que subyacen, el presidente lo hizo más por un acto de sobrevivencia que por una explicación racional.

Lo singular del caso es que aseguró que en el pasado sexenio se “quemó dinero” para no aumentar el precio de las gasolinas, pasando por alto, suponemos que lo sabe, que todo el proceso por el cual se tomaron estas decisiones pasó por la oficina de quien hoy está en esa misma dependencia.

No hay manera de saber hasta dónde pueden llegar las protestas y lo que pueden provocar. El ambiente está cada vez más enrarecido. En medio de las manifestaciones se ha colado de manera abyecta una manipulación brutal en redes sociales.

En algunos casos se han retuiteado fotografías que no tienen nada qué ver con lo que pasa en el país procedentes de naciones árabes. Se retuitean y luego las desaparecen, pero en sentido estricto el efecto queda.

Quienes las suben y luego las bajan saben muy bien lo que hacen. La discusión sobre el periodismo de causa o militancia lleva ya un buen rato entre nosotros y tiene mucho qué ver con lo que está pasando desde hace tiempo en las redes, ¿hasta dónde se informa y hasta donde se milita más que informar?

Algunas preguntas no tienen una respuesta inmediata, pero en el balance y con el paso del tiempo, recordemos que es un debate que tiene que ver con el mundo, se irán definiendo los terrenos de un tema que es inagotable.

Lo cierto es que la militancia periodística envuelta en ataques y sin fuentes confiables puede tener efectos en un gobierno tan expuesto y débil como el mexicano, pero en el fondo no abona para nada al periodismo de datos, de investigación, y cae en lo panfletario, lo cual poco o nada le ofrece al público.

Lo que está pasando nos obliga a todos a estar cada vez más atentos y acuciosos. Los saqueos están siendo el uso perverso de las manifestaciones, es evidente que detrás de ellos está todo tipo de intereses y de manipulaciones. El gobierno está obligado a ofrecer un informe, junto con la aplicación de la ley, sobre quién está detrás de esto. Héctor de Mauleón, en El Universal, lanzó la semana pasada varias líneas que se deben seguir.

En lo que es una cosa u otra la pregunta para el gobierno es la misma: ¿Le queda claro que lo que está detrás de las protestas no es sólo el aumento de las gasolinas?

[-] RESQUICIOS. Así lo dijo ayer:

Un muro de 2 mil millas en la frontera suroeste no es la inversión más inteligente del dinero de los contribuyentes… Jeh Johnson. Seguridad nacional EU.

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