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ESTADOS UNIDOS.- Derek Jeter charló el lunes por la mañana a unas cuantas filas del plato en el Marlins Park. Sus palabras por momentos quedaron ahogadas por el ruido de las cuadrillas de construcción; acero golpeando acero en un área en construcción detrás de la barda del jardín central, o el zumbido de los motores que mueven la maquinaria pesada.

No podría haber un fondo más adecuado.

Jeter, entrando a su segunda temporada completa como director general de los Marlins de Miami, sabe que construir — ya sea un sitio nuevo para que los aficionados observen los juegos, un sistema de ligas menores y hasta un club contendiente en las mayores — toma tiempo. Eso también significa que Jeter está siendo puesto a prueba de maneras que nunca lo estuvo durante sus días como torpedero de los Yanquis de Nueva York, cuando ganar y competir por títulos parecía ser la costumbre cada año.

“No tengo paciencia”, reconoció Jeter. “No tengo paciencia. La ha estado predicando. No la tengo”.

Los Marlins tuvieron el peor récord de la Liga Nacional y el cuarto peor en todas las Grandes Ligas la temporada anterior, y apenas canjearon al mejor jugador de su plantel en 2018 — el receptor J.T. Realmuto — a los Filis de Filadelfia. Los corredores de apuestas vaticinan que los Marlins serán uno de los equipos con menos posibilidades de éxito en el béisbol este año, lo cual no hizo gracia a Jeter.

Claramente no espera tener sus manos sobre el trofeo de la Serie Mundial este año.

Sin embargo, eso no significa que acepte otro año perdido.