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ESTADOS UNIDOS.- Como una joven creciendo en los 80 y 90 en el vecindario de Hell’s Kitchen en la ciudad de Nueva York, Alicia Keys recuerda que usaba ropa holgada adrede y botas Timberland para ir y venir del apartamento de una sola habitación donde vivía con su madre.

No usaba colores vivos. No se peinaba de ninguna manera que pudiera generar atención. Ni siquiera se pintaba las uñas.

En parte el estilo de Keys, una autoproclamada “tomboy” (chica poco femenina), era de su propia preferencia. En parte, y principalmente, por su propia protección.

“Había proxenetas y prostitutas por todos lados. Teníamos esos cines XXX... Adictos a la heroína, adictos al crack — esas calles estaban llenas de todas esas personas en todas esas situaciones", dijo Keys a The Associated Press en una entrevista reciente. "Como una mujer joven, definitivamente aprendí desde temprano cómo llamar la atención lo menos posible, cómo pasar desapercibida por esos lugares”.

“Para hacerlo, definitivamente no podía usar ropa de colores o minifalda o las uñas largas”, agregó. “Esa era la antítesis de lo que tenía que hacer para separarme de ese entorno en el que estaba caminando”.

Funcionó, y le permitió a Keys, hija de una madre soltera, tomar el metro a la escuela y tocar música sin que la perturbaran mientras su madre trabajaba largas horas. Esta es sólo una de las muchas historias reveladoras que la superestrella galardonada con el Grammy cuenta en “More Myself: A Journey”, su nuevo libro, que sale a la venta el martes.

“More Myself” lleva a los lectores desde la infancia de Keys hasta su debut estelar en 2001 y la actualidad, cuando está a punto de lanzar su séptimo álbum de estudio, “ALICIA” (15 de mayo), con una carrera multidimensional y una sólida vida familiar junto a su esposo, el músico Swizz Beatz, y sus dos hijos.