Foto: Captura.
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CIUDAD DE MÉXICO.- Con Placa de Acero no hay engaño, desde un principio está claro que la apuesta es retomar la clásica receta de la pareja dispareja, para luego recorrer con descaro una serie de lugares comunes provenientes de las producciones hollywoodenses que, desde la década de los 80, han venido consolidando a los célebres héroes de acción, dígase Tango y Cash, por mencionar uno de sus lejanos antecedentes.

Sin embargo, esta sinceridad en cuanto a su pretensión no es lo único que hay que reconocerle, y es que, aunque parezca imposible, el asunto logra salir medianamente a flote, gracias a un trabajo de contextualización que se alimenta de las viejas películas de luchadores y las tradicionales historietas de aventuras tipo El Pantera y Chanoc, para recrear un escenario con aire arrabalero, que le da cierta identidad. Todo apoyado por un elaborado trabajo de producción que implicó ir hasta las profundidades mismas de la Ciudad de México.

Seguimos los pasos de Roberto, quien pese a la corrupción que predomina entre las organizaciones de seguridad de nuestro país, se ha mantenido como un policía recto y de desarrollo impecable, sólo que ahora se ve obligado a trabajar con el más indisciplinado de los integrantes de su departamento, mientras busca desmarañar a una peligrosa banda de crimínales que está inundando las calles con un muy peculiar tipo de droga.

La trama se reserva muy pocas sorpresas, pero se sostiene cuando comienza a encaminarse lo absurdo: zombies e inesperados artefactos. El humor, por supuesto, es uno de los ingredientes principales y, aunque está lejos de la originalidad y la frescura, encuentra cierta efectividad gracias a la convicción y la química que consiguen en el contraste, los dos actores protagonistas, Alfonso Dosal y Adrián Vazquez, apoyados por gente de talento probado como Noé Hernández.

Si, Placa de acero no es más que puro entretenimiento funcional de fórmula, pero salvo en lo que se refiere a la diferencia abismal en cuanto a los millones de inversión, no tiene nada que pedirle a películas como Rápidos y furiosos: Hobbs y Shaw, le alcanza para estar un poquito por encima de lamentables intentos mexicanos de comedia de acción como Compadres, y no le pidan más.