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ESPAÑA.- La tensión es palpable. No se habla a menos que sea necesario. Una orquesta de monitores médicos marca el ritmo con una serie interminable de pitidos suaves y distintivos.

Nunca ha habido tantas personas dentro de la biblioteca del hospital Germans Trias i Pujol en el noreste de España. Sin embargo, los trabajadores de salud con su equipo protector improvisado no están consultando libros médicos. En lugar de eso, atienden a pacientes en estado crítico que sufren de neumonía causada por el coronavirus.

Desde afuera, la improvisada unidad de cuidados intensivos en Badalona, cerca de Barcelona, no se parece en nada a una biblioteca. Los libreros se quitaron para hacerle espacio a hasta 20 camas de hospital, ventiladores mecánicos y una variedad de equipos médicos después de que la UCI original y otras áreas del hospital se saturaron de pacientes con COVID-19.

Debido a la escasez de trajes protectores de cuerpo completo en España, los médicos aprovechan lo que encuentran, reutilizando mascarillas, cubriéndose las batas quirúrgicas con delantales de plástico y utilizando una enorme cantidad de guantes de látex.

Como si fueran buzos, aplican pequeñas cantidades de detergente a sus gafas de protección antes de poner un pie en la sofocante sala cargada del virus con la esperanza de mitigar el inevitable empaño en sus visores causado por su propia respiración. Trabajarán allí durante horas, pasando a toda prisa de paciente a paciente y sudando bajo todas las capas protectoras que traen puestas.