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ESTADOS UNIDOS.- Hace varias décadas, los habitantes de la península de Yucatán recorrían en tren las principales ciudades de la región para visitar a familiares o vender sus productos. Por eso cuando oyeron hablar por primera vez de un proyecto llamado “Tren Maya”, muchos pensaron que era una buena idea.

Dos años después, todo ha cambiado. El entusiasmo inicial dejó paso a la desconfianza. Muchas comunidades se sintieron engañadas con información que consideraban escasa y parcial de un proyecto que recorrería cinco estados del sudeste mexicano, desde las playas caribeñas de Cancún a las ruinas mayas de Palenque.

Pero ni las crecientes críticas sociales y medioambientales al proyecto, ni los recursos legales interpuestos para detenerlo, ni siquiera una pandemia que ha matado a más de 10.000 personas en el país, han impedido que el presidente, Andrés Manuel López Obrador, dedique esta semana a inaugurar varios tramos de su construcción.

Para López Obrador, el nuevo coronavirus ha hecho que las obras sean incluso más urgentes porque asegura que generarán 80.000 empleos en una zona marginada y empobrecida, justo cuando la crisis del COVID-19 ha dejado sin trabajo a casi un millón de mexicanos.

Pero hay residentes que no están tan convencidos de las bondades de los 1.525 kilómetros de vías que conectarán los principales centros turísticos de Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Tabasco y Chiapas y reorganizarán el territorio alrededor de 15 estaciones, con un coste total de entre 120.000 y 150.000 millones de pesos (entre 5.500 y 6.800 millones de dólares), que según algunos analistas podría multiplicarse.