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ESTADOS UNIDOS.- El presidente Donald Trump postuló a la jueza Amy Coney Barrett a la Corte Suprema, una decisión que corona una drástica reorganización del poder judicial que resonará durante una generación y que el mandatario espera ofrezca un necesario impulso a su campaña de reelección.

Barret, exsecretaria del fallecido magistrado Antonin Scalia, dijo sentirse “de verdad honrada” por la nominación y rápidamente se alineó al enfoque jurídico conservador de Scalia al afirmar que su “filosofía judicial es la mía también”.

El jefe de la Comisión de Asuntos Jurídicos del Senado, el republicano Lindsey Graham, dijo que espera que su panel apruebe la nominación de Barrett para la semana del 26 de octubre, dejando todo visto para una votación en el pleno del Senado una semana antes de la elección del 3 de noviembre.

Barret, de 48 años, estuvo acompañada en la Rosaleda de la Casa Blanca por su esposo y siete hijos. Si el Senado la ratifica en el cargo, ocupará la vacante de la icónica jueza liberal Ruth Bader Ginsberg. Podría ser el giro ideológico más brusco desde que Clarence Thomas sustituyó al juez Thurgood Marshall hace casi tres décadas.

La jueza podría convertirse en la sexta ministra en la corte de nueve miembros postulada por un mandatario republicano, y la tercera en el primer periodo de Trump en la presidencia.

Trump elogió a Barrett como “una mujer de notable intelecto y carácter”, y agregó que había estudiado su historial detenidamente antes de hacer la elección.

Los senadores republicanos de antemano están agrupados para una pronta confirmación de Barrett, al tiempo que buscan asegurar la ventaja conservadora en la judicatura federal ante una potencial transición de poder. Mientras tanto, Trump espera que la postulación sirva para mover a sus partidarios mientras intenta defenderse ante el demócrata Joe Biden.