Épico Live Cooking: así fue el evento culinario de Banorte que encendió Monterrey
Banorte Épico nació en el Club de Polo de San Pedro, justo en una noche fría y lluviosa que, lejos de opacar el evento, lo volvió casi cinematográfico

En una tarde y noche en la que el fuego, el aroma y la creatividad se encontraron como viejos amigos, Banorte logró lo impensable:
- Reunir a los chefs regios con mayor prestigio internacional para encender la primera edición de Épico Live Cooking, un recorrido sensorial donde cada platillo se convirtió en un acto poético sobre el fuego.
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Probar las creaciones de los chefs más reconocidos, todos reunidos bajo un mismo cielo, y una carpa a la par que era iluminada por los destellos de las brasas, fue la antesala de una experiencia que transformó la gastronomía en una verdadera puesta en escena.
Cada paso y cada historia compartida hicieron que los invitados sintieran que estaban siendo testigos de algo irrepetible.
¿Qué es Banorte Épico?
Banorte Épico nació en el Club de Polo de San Pedro, justo en una noche fría y lluviosa que, lejos de opacar el evento, lo volvió casi cinematográfico: vapor en el aire, luces cálidas, el olor de las parrillas y la expectativa creciendo entre los asistentes.
Cerca de 30 chefs llevaron a los invitados a un viaje por sus cocinas interiores. Antes de que un solo bocado tocara los labios, los presentes escuchaban atentos cómo cada platillo era concebido, preparado y elevado por su creador.
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Eran los propios chefs quienes convertían cada estación en un pequeño clímax: desde una simple, pero perfecta, ensalada de ejotes con almendras tostadas y una lluvia fina de queso, hasta elaboraciones que parecían coreografías sobre la tabla.
¿Cuál es la experiencia de escuchar de viva voz al chef la elaboración de sus platillos?
La experiencia era íntima, como colarse en la mente del artista. Con una copa de vino —de casas como Madero— o una cerveza helada entre las manos, los invitados se movían de estación en estación, siguiendo el hilo de historias contadas al ritmo de cuchillos, brasas y aromas ascendentes.
Quienes degustaron un platillo a base de atún se quedaron hipnotizados al ver al chef acomodar cada pieza con precisión quirúrgica. Al mezclarse con los distintos ingredientes, la textura y el sabor cobraban vida, casi como si cada elemento hubiera estado esperando ese exacto momento para unirse.
¿Qué se preparó en el Jardín Brasa?
El Jardín Brasa fue otro nivel: fuego vivo, humo danzante y paciencia culinaria. Los cabritos al pastor se cocían lentamente bajo brasas que habían trabajado por más de 8 horas. Mientras tanto, se preparaba una salsa molcajeteada con una simpleza honesta: chiles piquín, sal y aceite de oliva.
El resultado era un golpe de sabor ancestral.
Las costillas se llevaron los aplausos. El humo, la técnica y la carne desprendiéndose sola del hueso provocaron que más de un comensal cerrara los ojos al primer bocado, como quien guarda un instante para siempre.
¿Cuál fue la experiencia de los chefs?
Para los chefs entrevistados por POSTA, Banorte Épico representó un parteaguas, un encuentro que celebró el arte culinario en su máxima expresión. Coincidieron en que pocas veces pueden ver tan de cerca la reacción del comensal justo en el instante en que su creación cobra sentido.
Y quizá ahí estuvo la magia de la noche: en ese momento exacto donde la técnica, la dedicación y el fuego se encontraron con la emoción genuina de quien prueba algo extraordinario por primera vez.
Banorte Épico no solo reunió a los mejores. Los llevó a crear una experiencia que se queda en la memoria como el aroma de un platillo inolvidable.
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