Las consultas son para el Presidente eje de la y su gobernabilidad; desde que era candidato lo perfiló y a estas alturas ya nadie puede decirse sorprendido cada vez que nos aparece una.

No todo es susceptible de pasar por las consultas; algunas veces se deberá a la complejidad y lo delicado de los temas; y en otras ocasiones, porque hay que cuidar el mecanismo.

No podemos estar todo el tiempo bajo consulta, porque muchos asuntos son competencia del Gobierno; finalmente para eso se le eligió. Las consultas que se han hecho hasta ahora han provocado controversias y, en otros casos, serias dudas, más allá de las metodológicas.

La consulta que se hizo sobre la construcción del nuevo aeropuerto, independientemente de su resultado, si a alguien convenció fue a aquellos que estaban en contra de la construcción. Al final pareció que si de algo se trataba, era de cumplir una importante promesa de campaña.

La consulta acerca de la terminación de la termoeléctrica de Huexca se desarrolló bajo los mismos parámetros. El resultado fue favorable para que se terminara la obra, pero da la impresión de que el tema no está cerrado.

Un grupo importante de habitantes de la zona se manifestó en contra de la consulta en torno a la obra, entre quienes están el nieto de Emiliano Zapata. Parece que la salida más sensible al problema podría pasar por Palacio Nacional.

No tanto porque el Presidente decida directamente, sino porque escuchar a los ciudadanos sobre el tema le va a permitir entender, en una nueva dimensión, cómo ven las cosas, reconociendo el valor que tiene; no bastó con la consulta.

En este asunto no se trata sólo de indemnizar y así resolver las cosas para dejar a todos más o menos “contentos”; como es el caso del nuevo aeropuerto, ante lo que ya se vio que ni así andan muy “contentos” que digamos. En Huexca se trata de ciudadanos que defienden con razones atendibles sus raíces y el medio ambiente.

Con estas experiencias, sin quitarle valor alguno al mecanismo, pensar en una consulta nacional para determinar el sí o no al aborto se ve muy peliagudo, para decir lo menos.

Estos días nos hemos podido dar cuenta, diríamos que una vez más, por obvio que sea, que el tema coloca a la sociedad en plena confrontación. No hay medias tintas ni se ve punto alguno de encuentro.

La sesión del jueves pasado en el Senado muestra el nivel al que llegan las cosas. Las diferencias son grandes y no sólo se dan entre los partidos; se dan también al interior de los mismos.

Las marcadas diferencias entre las morenistas Malú Micher y Lilly Téllez dan la dimensión de cómo se ve un tema que es de todos, pero que particularmente es de las mujeres. Es un tema social, político, económico, religioso, pero, por sobre todo, de derechos humanos.

El Presidente aseguró de manera singular, puea sabe muy bien cuál es el tamaño del asunto, que no es un tema prioritario para el país; de la misma manera también lo ve el avezado e influyente senador de Morena Ricardo Monreal.

Estamos en medio de un galimatías. ¿Cuándo va a ser el mejor momento o cuándo deberá ser prioritario debatir sobre el sí o no al aborto? A este paso, nunca llegará el día, porque lo que hay de fondo es que no se quiere discutir algo que, de suyo, nos va a confrontar seriamente.

El Presidente ha tenido cuidado en no dar a conocer lo que piensa acerca del aborto; es un hombre de profundas creencias religiosas, lo que no permite conocer bien a bien qué es lo que quiere, piensa y cree.

Un factor a considerar es que López Obrador tiene en su entorno a un grupo de mujeres que están a favor del debate y del aborto. Tarde que temprano tendrá que decir lo que piensa y quiere.

Una consulta sobre el sí o no al aborto no va resolver nada.

RESQUICIOS.

Ahora que está en investigación, por fin, el tema de la “estafa maestra”, vale la pena revisar los trabajos del entrañable Miguel Ángel Granados Chapa relativos a Hidalgo y la UAEH. Recordemos aquello de la hoy morenista “sosa nostra”.