Como le hemos viniendo alertando, la prisa que trae el gobierno no es necesariamente una aliada. No hay duda de que muchas cosas en el país están siendo diferentes desde que llegó López Obrador, hay mucho de lo inédito en lo que estamos viviendo.

Sin embargo, en el camino se han venido rompiendo muchos platos. Entre lo que dice el Presidente y lo que su equipo interpreta se han presentado muchos problemas que bien pudieron ser evitados.

El asunto más reciente es el de las estancias infantiles. Desde la óptica de gobierno se ve un problema generalizado y no es así. El lamentable y triste caso del incendio en la guardería ABC, en Hermosillo, evidenció una parte de las irregularidades, a lo que se sumó la falta de una revisión regular al inmueble.

En una mañana aparecieron todos los problemas que tenía la guardería, los cuales, con una revisión de la instalación, se pudieron evitar. Lo que pasó en Sonora dolió en todos los sentidos, porque además, para muchos padres y madres de familia no se hizo justicia.

Sin embargo, no tiene sentido decir que las estancias y guarderías del país están bajo situaciones similares, que están llenas de corrupción o que hay que sustituirlas por “las y los abuelitos”.

El cariño y los lazos familiares en este tipo de relaciones es, sin duda, importante, pero para un desarrollo integral se requiere de un trabajo profesional y formador, que no se ve cómo lo puedan hacer los “abuelitos”, independientemente de que muchas de ellas y ellos puedan estar en edad de seguir trabajando en otras actividades.

Este tipo de circunstancias se han venido presentando en otras áreas de gobierno. La forma en que se ha despedido a mucha gente no tiene ni pies ni cabeza; no se ha reparado en su capacidad profesional. Pareciera que su error fue haber trabajado en los “gobiernos del neoliberalismo”. No tiene sentido que crean que lo que hizo antes no sirve de nada y que a partir de su llegada llegaron los tiempos de la “iluminación” o algo similar.

El ejercicio del poder inevitablemente desgasta. Por más popularidad que se tenga, al tomar ciertas decisiones, algunos sectores son afectados.

La clave desde esta posición es saber atender y entender la crítica y, sobre todo, estar atento a los inevitables procesos de desgaste. A la crítica no se le puede pasar de largo, bajo el supuesto de que se hace para agredir o evidenciar al gobierno, y menos caer en que con todo y que se sabe de su sistemática presencia, irse hacia los tiempos absurdos del “ni los veo ni los oigo”.

En las últimas semanas se ha intensificando la crítica contra el gobierno, tanto en medios de comunicación como en las redes sociales. Tiene lógica porque en la medida en que va pasando el tiempo el gobierno inevitablemente se expone. Se van conociendo sus políticas, qué tanto va a cumplir sus promesas de campaña y, sobre todo, realmente quién es y quién ya está siendo como gobierno.

La crítica va a ser cada vez mayor. Es probable que enfrente la reticencia de más de alguno en el gobierno, pero en particular va a tener entre los millones de furibundos seguidores de López Obrador un dique brutalmente bravo.

La diferencia de opiniones sobre el rumbo del país se va a intensificar; de hecho, estas semanas hemos empezado a ver algo de ello. Lo que se va viendo también es que algunos simpatizantes de López Obrador están siendo críticos sin dejar de ser sus seguidores.

Más que ponerse piel de elefante, es importante que el gobierno entienda y esté atento a lo que está por venir con una actitud democrática, digan lo que digan sus millones de simpatizantes.

La crítica es al final un referente para la gobernabilidad.

RESQUICIOS.

La consultas son una base fundamental para la gobernabilidad. El problema está siendo que están entre los terrenos de conocer lo que quiere decidir la gente y la mesa que más aplauda, con todo y “gritos y sombrerazos”.