El candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Joe Biden, está llevando a cabo una campaña muy diferente debido a la situación de pandemia. A través de una fuerte presencia en las redes sociales y valiéndose del video, el ex vicepresidente está pegando fuerte sin mítines presenciales, hasta el momento. Su ex jefe, el presidente Barack Obama, ha entrado también al ruedo, criticando duro a Donald Trump (sin nombrarlo pero dejando claro a quien van los ataques). Toda la fuerza del Partido Demócrata y aliados está volcada contra Trump en momentos en los que el tratamiento de la crisis es objeto de arduas discusiones.

Algunas de las principales encuestas, como la de Harvard CAPS/Harris le dan de 5 a 6 puntos de ventaja a Biden, lo cual podría explicar la nueva y arriesgada estrategia de Trump de irse con todo contra Obama (asegurando que no preparó el terreno para una pandemia como la actual), así como los rumores de que el Partido Republicano estaría manufacturando un fuerte escándalo (otro) para hundir a Biden.

Lo cierto es que tampoco podemos confiar mucho en las encuestas, a juzgar por lo sucedido en 2016 y por el hecho de que estamos en una época muy sui generis, y es difícil de pronosticar un resultado. Hay muchas variables, tanto económicas como psicológicas en juego, y faltan todavía más de 5 meses para las elecciones. Pero hay quienes aseguran que Trump está desesperado. Y sus acciones y dichos podrían ser evidencia de ello.

El juego va a ser muy sucio, pero es probable que en esta ocasión el Partido Demócrata no siga la máxima de Michelle Obama, aquella de “si ellos caen bajo, nosotros vamos por lo alto”. ¿Qué tan bajo podrían caer? Eso está por verse en las próximas semanas.

APUNTE SPIRITUALIS. Todo está sobre la mesa, y las cartas de la pandemia se jugarán sin piedad. ¿Será lo que necesitan los demócratas para volcar la atención a las elecciones? ¿Será suficiente?