El poder que tiene López Obrador le da para hacer casi lo que quiera. Da la impresión que las cosas no van a tener variantes significativas en los próximos años. Tiene el poder y lo ejerce y no pareciera que pretenda dejar pasar nada.

Lo que fortalece este escenario es que no se ve por donde puedan aparecer los contrapesos. La oposición está bajo el se suma o le pasan por alto. Por lo menos así estaremos los próximos tres años y, si nos apura, así terminará por ser todo el sexenio. No se vislumbran contrapesos y vamos por la vía del “voy derecho…”.

Si alguien nada tiene que ver con estos escenarios paradójicamente es el gobierno y su partido. Digamos que hicieron méritos y, de paso, les pusieron la mesa al gusto.

López Obrador ha sabido aprovechar y usar cada minuto de su mandato. En las conferencias de prensa ha encontrado referentes para saber, conocer y estar al tanto de lo que eventualmente desconozca, independientemente de lo que le reportan sus canales de información.

Le entra a todo porque le preguntan de todo. Acapara el poder y la información de manera inusual y hasta inédita. Las conferencias mañaneras han sido su gran descubrimiento desde que era Jefe de Gobierno de la CDMX, ha sido su mecanismo idóneo para atrapar y tener la atención de medios y redes. No se le pasa nada y no hay sector que no se vea aludido cotidianamente.

Quienes se han visto severamente afectados han sido los noticiarios matutinos de radio y televisión. Ya se van acomodando, aunque al principio se la pasaron padeciendo. Los noticiarios estaban entre atender al Presidente o seguir su propia dinámica. En la mayoría de los casos han logrado ya establecer su nueva dinámica.

Algunos andaban bajo la “inquietud” de las consecuencias que tendría el que no pasaran las conferencias de prensa, quizá más por las inversiones publicitarias que por otras razones.

Lo que no se puede dejar de reconocer, sea como sea, es que hoy en día no hay manera de dejar de informar sobre López Obrador porque a diario, en sus conferencias, actos y giras, pasa algo que es susceptible de reportarse.

La gran paradoja de lo que estamos viviendo es que hoy se informa sobre las actividades del Presidente como hace mucho tiempo no se hacía con uno. López Obrador concentra el poder, la información y, por ende, la atención cotidiana de medios y redes.

Si bien las circunstancias son evidentemente diferentes a un pasado que tiene tintes de oprobioso, el hecho es que casi a diario el Presidente está en lo que en otro tiempo se conocían como las ocho columnas de los diarios, o en las notas principales de los noticiarios.

Lo que para el gobierno debe ser prioridad es atender que en varias ocasiones hace, dice y se comporta como lo hacían en el pasado a quienes tanto critica e impugna. Lo debe hacer por coherencia, y por intentar cambiar las formas que han lacerado a la política en su relación con los ciudadanos de manera escandalosa y severa.

Lo debe hacer también porque concentra el poder, ganado en las urnas, como hace mucho tiempo no sucedía en el país. Tiene la capacidad y autoridad que le permite hacer cambios que hagan moderna e innovadora nuestra democracia.

Hay que pensar, sin duda, en el ahora, pero el futuro llegará y ese también ya hay que atenderlo.

RESQUICIOS.

Espeluznante, doloroso y triste ha sido lo que pasó en Tlahuelilpan. Es importante saber qué detonó la explosión, pero es igual de importante seguir atacando lo que la provocó: la cadena delincuencial y de corrupción del huachicoleo.

Al cerrarse los ductos se ha creado una gran tensión en las comunidades que viven del huachicol, se han quedado en algunos casos sin sustento familiar, por más que se asuma que es una actividad ilegal.

De manera brutal aparecieron quienes son parte importante del huachicoleo y que absurdamente no se les ha concedido la importancia debida en la ecuación del problema: las comunidades.

Espeluznante, doloroso y triste.