En 1968, en su libro “El orden político en las sociedades en cambio”, Samuel Huntington, finado profesor de la Universidad de Harvard, escribió que lo más importante para un país en vías de desarrollo no es su “tipo de gobierno”, sino su “grado de gobierno”.

Y que un elemento central para lograr ese fin, según Huntington, constituye el fortalecimiento de la institución presidencial, “lo que es bueno para la presidencia, es bueno para el país”, sostenía era una frase que debía acuñarse; es decir, de acuerdo a su teoría, sólo un firme centralismo político puede generar las condiciones necesarias para un sano desarrollo…

¿Ustedes qué opinan?

El caso es que, sobre ese pasaje literario, nos habla John Ackerman (quien es uno de los defensores a ultranza del lopezobradorismo desde hace muchos años), en su libro “El mito de la transición democrática”, de 2015, ahí Ackerman critica la teoría de Huntington, señalando que el PRI buscaba resucitar de hecho el fantasma de Huntington y “recuperar” la fuerza presidencial supuestamente perdida en los años panistas.

Pero México, dice Ackerman, no resolverá sus problemas con el retorno del hiperpresidencialismo del pasado, sino con la consolidación del protagonismo social que cada día más es el signo de nuestros tiempos a escala mundial.

Lo digo otra vez, porque tal cual lo creo: México no resolverá sus problemas con el retorno del hiperpresidencialismo del pasado, sino con la consolidación del protagonismo social que cada día más es el signo de nuestros tiempos… Pero más allá de que lo repita yo, lo mejor sería que lo repitiera el propio autor a cuatro años de que lo escribió, pues, los indicios en este inicio de gobierno federal parecen marcar ya una clara tendencia hacia, precisamente, el regreso del hiperpresidencialismo.

Coincido con Ackerman en que la manera de resolver los problemas es con la consolidación del protagonismo social pero: ¿Cómo le hace México entonces para consolidar el protagonismo social en un contexto hiperpresidencialista?

¿Con participación activa de la sociedad? Sí, pero antes, estimo, un buen comienzo sería que cada fuerza política hiciera el bien sin mezquindades, ya basta de divisionismo estéril, entiéndase éste el proveniente del debate vacío, en donde se ponen sobre la mesa razones ideológicas y no fundamentos sustantivos para sostener tal o cual posición.

Dejo, aún así, la pregunta abierta, a modo de reflexión: ¿Cómo consolidamos el protagonismo social, más allá del fantasma de Huntington?

Un tuit de Lorenzo Meyer, me dio una idea, aunque la respuesta a tal cuestionamiento debe ser mucho más profunda. Les comparto lo que dijo:

“La guerra contra los múltiples huachicoleros no es sólo una lucha por el combustible; es o debe ser una del Estado y la sociedad por dejar de vivir en el “todos contra todos” y recuperar la razón de ser de México como comunidad política”.

Creo, que empezar por inhibir ese “todos contra todos” sería un buen comienzo, pues considero que el encono actual que se respira entre la sociedad es en gran medida un reflejo del que se respira en la clase política.