El riesgo cotidiano con las mañaneras es que independientemente del desgaste que provoca la exposición diaria, el propio Presidente lo ha dicho y lo asume, es que se ha convertido también, en una gran cantidad de casos, en espacio para la descalificación; el discurso se convierte en la “verdad”.

El Presidente define a las mañaneras como su “escudo”. Tiene lógica, debido a que hemos entrado en una dinámica en que predominan las críticas de toda índole, de un lado y del otro. No somos de la idea de que López Obrador sea el Ejecutivo más atacado de la historia, pero lo que sí es cierto es que a diario recibe una infinidad de críticas y observaciones.

Detrás de ellas igual hay un tono agresivo y carente de sentido, pero también se han abierto espacios de análisis y crítica fundada sobre la gobernabilidad del tabasqueño. Lo que empieza a ser una constante es que no hay indicios de que el Presidente vaya a atender lo que a través de diferentes instancias se le hace ver.

Sus reacciones a la serie de artículos sobre el actual estado de la libertad de expresión en El Universal expresan algo de ello. Dirige sus respuestas a que en México hay libertad de expresión como nunca sin ir al detalle de lo que se le plantea. Deja la impresión de que no atiende razones ni argumentos sin reparar en las opiniones, las cuales igual son favorables que desfavorables.

A los funcionarios que aparecen en las mañaneras les ha dado por repetir la fórmula. Pareciera que lo que importa es señalar y descalificar sin tomar en cuenta las opiniones y razones de las personas e instituciones a las que se refieren.

Un caso para observar es cómo la directora del Conacyt expuso una serie de críticas y observaciones que encierran, a decir de ella, actos de corrupción lo que utilizó como elemento para justificar la desaparición de los fideicomisos.

No habían pasado ni 24 horas para que instituciones y personajes señalados mostraran pruebas contrarias de lo que en el “escudo” había expresado la rijosa directora.

Las razones expuestas por el exdirector de Conacyt, la doctora Ana Díaz, la exdirectora del Fondo Consultivo de Ciencia y Tecnología, el director del CIDE, profesores e investigadores de la UNAM, sólo por mencionar algunos, importaron poco o nada en términos de réplica.

Se trataba de descalificar para justificar una decisión. Al final queda la impresión de que lo que se trataba era de utilizar el gran vehículo de comunicación del Gobierno, la mañanera o “escudo” según se le quiera llamar, para arremeter contra personas sin que hubiera detrás de ello elementos concretos de prueba.

La respuesta de investigadores e instituciones manifiesta que lo que se dice es una visión parcial de las cosas, o de plano, la evidencia de encontrar elementos para exponer y al final justificar la desaparición de los fideicomisos; el nombre del juego es descalificar sin importar las razones y a quien terminen por llevarse en el viaje.

Más allá del derecho que tiene el Presidente a expresarse en las mañaneras, esto no debiera ser ocasión para que se lancen todo tipo de opiniones y descalificaciones, algunas de ellas sin sustento.

Es evidente lo que producen los juicios mañaneros. A veces queda la idea de que las formas del Presidente son imitadas por sus funcionarios sin quedar claro qué es lo que buscan, informar de manera puntual sobre lo que hacen e investigan o de plano, lo suponemos como muy probable, quedar bien con ysq.

Total ya empiezan a conocer el caminito.

RESQUICIOS.

“En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio. La política es la lucha por la felicidad humana, aunque suene como una quimera. En política son las causas, los hombres y las mujeres pasamos. Hay que darle oportunidad a las nuevas generaciones. Triunfar en la vida no es ganar, triunfar en la vida es levantarse y volver a empezar”: extractos del discurso de José Mujica, expresidente de Uruguay, anunciando su renuncia al Senado.