En la esencia de la educación está la revisión regular de sus contenidos y metodologías. Las nuevas tecnologías han obligado a revisar los instrumentos que han conformado su pro-ceso. Lo que es un hecho es que con coronavirus o sin él la educación está pasando por una transformación y debate profundos.

La nueva dinámica social por el Covid-19 ha acelerado los procesos de cambio en cuanto a forma y fondo. La dinámica en las aulas tiene tiempo que se viene discutiendo, sobre todo por la evolución del pro-ceso educativo entre maestros y alumnos.

La relevancia que tienen los profesores en el proceso de enseñanza-aprendizaje no debiera ser tema a debate. Sin perder su autoridad los profesores hoy cumplen sus funciones con variantes en su relación con los estudiantes y han tenido que entender y atender las nuevas tecnologías. No ha sido fácil para los maestros entrar en esta dinámica pesan en muchos casos las desigualdades sociales que les impiden desarrollar su trabajo de manera integral.

Hemos pasado también de los tiempos de la enseñanza férrea dictados e impuestos desde la tarima a un diseño distinto de las aulas en donde los maestros y los alumnos trabajan bajo una convivencia que busca cercanía y poderse ver en algún sentido iguales.

También se han presentado transformaciones en la forma de enseñar y en los contenidos de las materias. Uno de los grandes retos para la educación, no solamente en nuestro país, han sido y son las evaluaciones.

Sigue resultando complejo encontrar herramientas objetivas y precisas que permitan conocer el aprovechamiento de los estudiantes en el año escolar. Hemos pasado de manera afortunada de procesos de memorización a los de comprensión y razonamiento.

Por más que el desarrollo educativo sea desigual se tiene que re-conocer el gran esfuerzo de los maestros que es, en buena medida, lo que ha permitido elevar el nivel escolar, al tiempo que son piezas estratégicas para incentivar a los estudiantes a que continúen en las escuelas.

La deserción escolar tiene que ver con los enormes problemas económicos que padecen muchas familias y también con la falta de incentivos a los estudiantes para que continúen sus estudios. Los maestros son la clave porque, por lo general, es gracias a ellos como se detona la motivación entre los estudiantes.

El proceso educativo está en constante evolución. Sin embargo, no puede vivir bajo la idea de un cambio tras otro, porque se tiene que conocer el valor y vigencia de los programas de estudio en la formación de generaciones de estudiantes.

Estamos ante una situación con muy pocas salidas, es más, somos de la idea de que lo que la SEP ha propuesto es casi que un camino único. No hay opciones y, es por ello, que el proceso educativo se tiene que limitar a la utilización de instrumentos que en algún sentido va a romper la indispensable comunicación y retroalimentación que permite y alienta la dinámica que se presentan en un salón de clase.

A lo que nos está obligando el Covid-19 es a apurar a crear nuevas formas de relación en todos los órdenes y a profundizar otras.

Las clases virtuales desde hace tiempo están entre nosotros, pero ahora resulta que ya no son sólo una opción, por lo menos en el aquí y ahora son una obligación y una alternativa.

No está claro cómo será el futuro de la educación después de que el Covid-19 nos dé margen de maniobra.

De lo que no hay duda es que el maestro es pieza fundamental en cualquier escenario, ya sea de la mano de las nuevas tecnologías o de la tele, aquella que era la mismísima representación de la “mafia del poder”.

RESQUICIOS

Algo serio, más allá de las filtraciones y lo mediático, tendrá que pasar en el corto plazo en los casos del “consentido” videotecario Emilio Lozoya, Billy Álvarez, García Luna y parece que ahora hay que incluir a Osorio Chong. Esta semana podría empezar el espectáculo, pero quisiéramos pensar que más bien será el tiempo de la justicia.