No fue fácil derogar la “mal llamada” Reforma Educativa. Paradójicamente, la oposición para ello no vino de lo que queda del PRI en las cámaras.

Como fuera, era la reforma de Peña y de su proyecto de gobierno. A lo largo de al menos cinco años se habló de esta reforma como la panacea; se dijo que sería el eje de la gran transformación educativa del país; era el antes y el después.

Muchas voces se opusieron a la reforma, pero si alguien lo hizo de manera sistemática y enfática, fue la CNTE. Estuvieron particularmente en contra de las evaluaciones a los maestros, las cuales consideraron “punitivas”.

Lo que pasó en el sexenio anterior fue el reconocimiento sistemático de la reforma. Quizá ya no se recuerde, pero es cuestión de poner en la mesa lo que opinaban gobernadores, de todos los partidos políticos, lo que incluye a algunos que hoy son de Morena, y también a algunos especialistas en la materia, para no olvidar.

A diferencia de lo que hoy se dice respecto de la reforma del pasado sexenio, en su momento hicimos valer algunas bondades de ella, al tiempo que consideramos que el tema de las evaluaciones era una traba seria para el proyecto en su conjunto.

Hoy no hay manera de ver nada del pasado, por más rescatable que sea. Algunos elementos de la pasada reforma tienen que ver con la que se aprobó esta semana; no es para criticarse o señalarse, porque hay que considerar que pocas áreas están tan estudiadas, revisadas y trabajadas como la de educación.

La identidad que lograron el entonces candidato López Obrador y la CNTE en este tema tuvo dos filones. Por un lado, para el tabasqueño, lograr una cercanía importante y de proyectos comunes con la Coordinadora era sumar a su candidatura a un sector influyente y crítico históricamente de los gobiernos.

Por otra parte, los acuerdos llevaron al candidato a meterse de lleno, con cierta autoridad por su interlocutor social, en un tema que para él ha sido fundamental desde siempre, la educación.

Este factor fue central para que el entonces candidato López Obrador y la CNTE encontraran identidades, de ahí viene el popular concepto de la “mal llamada”. Se entendieron y quedó la promesa de que se iba a derogar la reforma si ganaba la Presidencia, lo cual en esta semana formalmente se cumplió.

Uno de los elementos destacados de la nueva reforma es cómo logró el consenso y la unanimidad, no exenta de forcejeos. Esto ha hecho una gran diferencia con lo que pasó hace seis años, en fondo y forma. La aprobación fue un gran ejercicio democrático, y quisiéramos pensar que también de reflexión y convicción, antes que de obsesión por acabar a como dé lugar con la “mal llamada”.

El tema no está finiquitado del todo, todavía pueden pasar muchas cosas. Habrá que ver qué sucede el lunes en la tarde, en el anunciado encuentro entre el Presidente, la CNTE y el SNTE, el cual se efectuará por separado a petición o exigencia, según se quiera ver, de la Coordinadora.

La otra parte de la reforma que no está finiquitada son sus leyes secundarias. En los próximos días se van a discutir, se pretende que la reforma se aplique a partir del nuevo ciclo escolar que inicia en agosto. En esto también están los libros de texto que a pesar de que van retrasados se asegura que están en “tiempo y forma”.

Las leyes secundarias son el contenido de la reforma. Es donde debe estar el cómo, donde se debe definir el papel de cada uno de los componentes del proceso educativo, los cuales van desde el rol de los maestros, los estudiantes hasta el diseño de los salones de clase.

También en el centro están las metodologías de estudio, los contenidos, qué enseñar, y el rudo problema de los exámenes escolares.

El avance está a la vista, lo que se espera es que el lunes en la tarde no se aparezca la mano que mece la cuna.

RESQUICIOS.

La ignorancia, la corrupción, la pobreza y la falta de inversión frenan el empleo y la inversión. Esto no lo dijo ya saben quién, lo dijo ayer el ingeniero Carlos Slim.