La reunión en el Museo Tecnológico fue más de desencuentro que de encuentro. Las conferencias de prensa de los padres de los normalistas desaparecidos y la del vocero del gobierno, luego de la reunión, dan una idea de lo que pasó o pudo haber pasado.

Queda la impresión de que los padres de familia han entrado a una etapa en la cual cualquier cosa que venga del gobierno no va ser ni aceptada ni creída. Lo manifestaron después de la reunión al asegurar que la investigación del GIEI es la buena y que la de la PGR es una “mentira”.

La creación de una fiscalía es ya otro tema de confrontación. Mientras que el gobierno habla de una instancia que investigue todos los casos de personas desaparecidas, se estiman entre 25 mil y 30 mil, los padres de familia quieren una fiscalía dedicada exclusivamente a la desaparición de sus hijos.

Los padres de los normalistas ya no le creen nada al gobierno. La relación es cada vez más lejana y ha entrado en los terrenos de la intransigencia. No se ve por dónde se puede rearmar porque los padres de familia se sienten utilizados por el gobierno y también engañados. El momento es particularmente delicado para el país porque la desaparición de los estudiantes y el entorno crean un clima desfavorable que no le va a permitir al gobierno generar la urgente y necesaria credibilidad.

Cualquier declaración que se haga, sin importar si está fundamentada o no, se puede convertir en una “verdad” al tiempo que en una consigna. El hecho de que algunos padres de familia aseguren que a sus hijos los tiene el Ejército es una afirmación de riesgos múltiples.

Por un lado no hay evidencia alguna de ello, pero por otro la declaración se va convirtiendo en una “verdad” entre los padres de familia y simpatizantes. En medio de la desinformación y la confusión cualquier cosa puede terminar por ser aceptada.

Los cuestionamientos son vistos como si fueran tomas de posición y no como reflexiones. Se lanzan afirmaciones temerarias las cuales no hay manera de comprobar y poco importa si pueden ser comprobadas o no.

El gobierno está obligado a atemperar los ánimos. Los padres de los estudiantes aseguran que el gobierno fue “insensible” en la reunión y bajo lo sucedido es reprobable si así lo hubiera sido. Sigue estando en el gobierno la posibilidad de llegar a acuerdos y sobre todo conocer qué fue de los estudiantes, que al fin y al cabo es lo más importante.

[-] RESQUICIOS. Así lo escribieron ayer:

Despreciar a España es un esnobismo exhibicionista bastante indecoroso: Fernando Savater, filósofo.

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