En el pasado los mandatarios de alguna u otra forma descansaban en cercanos quienes se iban convirtiendo en una especie de sus álter ego.

En algunos sexenios se llegaba a hablar de “vicepresidentes”, personajes que se presumía le podrían decir al Presidente en turno hasta cómo vestirse.

En el imaginario colectivo se han creado muchas ideas de lo que se presume sucedía en las intimidades del poder. Algunas han terminado en leyendas urbanas que también tienen algo de cierto.

Con el “innombrable” Carlos Salinas todo indica que Córdoba Montoya era clave para un sinfín de decisiones, entre las que pudo estar incluso la designación del candidato del PRI a la Presidencia. Fue un personaje que, a diferencia de otros, prefirió la sombra a los reflectores.

Previamente con Miguel de la Madrid se aseguraba que el poderoso Emilio Gamboa era el dueño del picaporte de la puerta. En estos menesteres se decía que la afamada puerta se abrió más para Carlos Salinas que para ningún otro integrante del gabinete. No fue sólo eso, sino que los procesos informativos para la toma de decisiones pasaban una y otra vez por Gamboa, quien, al paso del tiempo, sí que aprovechó la posición que tuvo.

Todo indica que Ernesto Zedillo optó por centrar las decisiones teniendo poca comunicación con su entorno. Quizá su intempestiva llegada lo llevó a centrar el poder en donde al final dio la impresión de estar buscando la puerta de salida de Los Pinos.

Con Vicente Fox todo fue claro. Su esposa jugó un papel destacado, lo cual terminó por definir su sexenio. En el imaginario colectivo se decía y creía que Marta Sahagún era quien decidía junto con su esposo o sin él. A los Fox se les “olvidó” que el elegido había sido él que no Marta.

Felipe Calderón tuvo diversos álter ego. El más influyente fue Margarita Zavala. Sin embargo, durante los 6 años fueron y vinieron personajes que al final acabaron distanciados, enfrentados o en Morena, pero de que pesaron, pesaron.

Con Peña Nieto no hay duda que Luis Videgaray fue clave. Por más que fuera criticado o cometiera deslices, la visita de Trump por ejemplo, invariablemente se caía parado. El expresidente bailarín nunca se separó de él, lo que le permitió a Videgaray moverse como “vicepresidente”; hoy los dos podrían estar cerca del hoyo.

Con López Obrador no se ven figuras de esta naturaleza. El Presidente va por la libre y se mueve bajo sus decisiones, las cuales son inapelables. No se ve en su equipo alguien que tenga la influencia de personajes paralelos como se vio en el pasado reciente, para bien y para mal.

El lío que trae su gabinete requiere de una discusión profunda más que un “al final yo soy quien decide”. Queda claro que no va a cambiar el talante del Presidente, así es y seguirá siendo. La cuestión está en que con tantas herramientas y conocimientos que existen y que el tabasqueño tiene a la mano las decisiones, deberían basarse en ello y no sólo en el sentido común y en reacciones que parecen ocurrencias.

Algo que viene pasando es que ante la ausencia de oposición al interior del equipo de López Obrador se empiezan a dar luchas intestinas entre quienes son identificados como “duros” y “negociadores”. No se necesita mirar hacia afuera para ver el refuego político.

El lance entre Toledo y Villalobos forma parte de posiciones que pueden acabar por definir el destino del sexenio y del país por los años futuros.

El Presidente está entrando en los momentos en que tiene que mediar entre los suyos, porque en estos asuntos se va decidiendo el futuro cuando se haya cumplido su ciclo.

En la medida en que el Presidente rebote ideas con sus cercanos entenderá mejor las cosas y tomará mejores decisiones; se anda incubando un broncón.

RESQUICIOS.

Todos se avientan la pelota con los lamentables videos promocionales sobre el turismo. Una industria tan generosa no se merece las torpezas en que la meten, por menos los mandan a la hoguera.