Es difícil hacer a un lado las pasiones que provoca el caso venezolano. Mucho de lo que se dice y escribe a diario sobre el tema en nuestro país, tiene que ver con una derivación de las muchas confrontaciones internas que tenemos.

No se soslaya que lo que pasa en Venezuela es cada vez más serio y grave, lo que está llevando al país a una división interna social, con posibles consecuencias irreversibles. Todo va mal, lo que incluye que los niveles económicos se encuentran severamente deteriorados.

Venezuela se encuentra en el centro de los debates internacionales, al tiempo que se ha ido aislando del mundo. Lo peor para el régimen del cuestionado Maduro es que algunos de sus aliados también lo son.

Si bien nos hemos concentrado en Venezuela, no se puede pasar por alto lo que en naciones como Nicaragua, aliada de Nicolás Maduro, se está presentando.

El Gobierno mexicano tiene ante sí muchos conflictos internacionales a los que no va a poder tomarles distancia, bajo la reinterpretación que hace de la doctrina Estrada. En la actual dinámica internacional no se puede ser actor pasivo o simple testigo de lo que sucede a la vuelta de la esquina.

La respuesta que ha dado el Gobierno de México ante el nuevo mandato presidencial de Nicolás Maduro, tiene muchas lecturas. Ayer en Twitter Natalia Saltalamacchia, profesora del ITAM, ofreció una interpretación para leerse sobre el tema.

Plantea que el discurso oficial “representa sin duda un cambio de posición, respecto a la administración anterior en un punto fundamental: se abstendrá de emitir cualquier tipo de pronunciamiento a la legitimidad del gobierno de Maduro… Aquí vale la pena subrayar; ‘no se pronuncia’ no quiere decir en automático que ‘reconoce’ la legitimidad o respalda a ese gobierno… se abre un espacio de ambigüedad intencional (que es para lo que siempre ha servido la doctrina Estrada)”.

Uno de los retos es el no perder la interlocución con el Grupo de Lima, del cual México era hace sólo pocos meses un actor estratégico. Esta organización tiene una abierta confrontación con el régimen de Maduro; para los países integrantes del grupo el concurso de México era una especie de eje por su influencia en la zona, por más que el peso de la política exterior se haya ido diluyendo en los últimos años.

Desde el sexenio de Vicente Fox la política exterior mexicana ha perdido cierto crédito internacional, a pesar del gran esfuerzo de quienes han encabezado embajadas y consulados representando al país.

Quienes forman parte del servicio exterior han hecho materialmente milagros para presentar una buena imagen del país. No es fácil hacerlo bajo las condiciones en las que nos encontramos.

Antes de seguir con la estrategia de pulverizar la presencia de México en el mundo, sería bueno que en el Gobierno fueran pensando cómo quiere ser visto a nivel internacional. Cómo quiere contar lo que está haciendo, en un mundo que si por algo se distingue es porque todos tenemos que ver con todos, por más que les dé por el aislacionismo.

La cuestión en el caso venezolano es saber qué tanto el Gobierno está tomando distancia dejando pasar el tiempo, esperando que pase algo internamente que destrabe la cosas, lo cual con Maduro no hay manera que suceda. Lo otro sería un serio trabajo diplomático, donde se estaría trabajando en nuevas estrategias que coadyuven a crear nuevas condiciones de vida para Venezuela.

Lo que es un hecho es que el país vive un infierno y que hay un clamor internacional en contra de Maduro.

Ahora que los representantes de la diplomacia están reunidos en la CDMX, es una oportunidad para que más que sólo les tiren línea, los escuchen.

Evidentemente no es sólo Venezuela.

RESQUICIOS.

Puebla va que vuela para vivir un nuevo problema. Ni la muerte de la gobernadora sensibilizó a los actores políticos. Pareciera que van por un botín más que por la gubernatura, es sólo cuestión de tiempo para verlos de nuevo de la greña.