Al interior de los Legionarios de Cristo está claro que tienen que investigar muchas cosas para dejar atrás los abusos del pederasta Marcial Maciel y de otros sacerdotes.

Este fin de semana presentaron el Informe 1941-2019 sobre el fenómeno del abuso sexual de menores de la congregación de los Legionarios de Cristo desde su fundación hasta la actualidad, en la búsqueda de “sumar a todos los miembros y colaboradores en el esfuerzo por erradicarlo y generar una cultura de protección y cuidado”.

El informe ha permitido “evidenciar que hubo cadenas de abuso, donde una víctima de un legionario… se convertía a su vez en abusador”.

Para que nos demos cuenta del tamaño de lo que pasó —suponemos que el tema se va superando hoy día, a través de una educación y una estricta observación y vigilancia interna—, se calcula que la cadena de abusos que empezó con Maciel representa 68.43% del total de las víctimas.

El informe va al detalle respecto a lo que ha pasado con los clérigos agresores. Ninguno de los 11 sacerdotes involucrados en la cadena ejerce “públicamente” el ministerio sacerdotal; de los prelados agresores, 14 ocupaban puestos de autoridad.

El reporte pone énfasis en lo que quizá sea el gran detonador: “el abuso sexual de menores en la congregación estuvo mezclado con el abuso de poder y de conciencia por parte de algunos que aprovecharon sus puestos”. Sin embargo, este tema no ha sido abordado a profundidad; se espera que en la reunión del 20 de enero, en el Vaticano, sea tratado.

Los legionarios aseguran en su informe que “en estos meses no se ha abordado el abuso de poder y conciencia por parte de algunos que aprovecharon sus puestos”.

El reporte confirma la perversidad encabezada por Maciel. Once sacerdotes abusaron de entre dos y cinco víctimas, nueve lo hicieron repetidamente de una única víctima, cuatro agredieron a una persona una sola vez, dos se aprovecharon de un menor por sexting (con imágenes vía celular), uno abusó de 13 y uno más, Maciel, de al menos 60.

Estamos, seguramente, ante la investigación más seria que se haya hecho en torno a este deplorable asunto. Es un intento importante, porque pretenden, por fin, hacer justicia y, sobretodo, reconocer de una vez por todas que si bien el pederasta Maciel era el centro y promotor de los abusos y agresiones, no era el único; lo que lleva a concluir que el fundador de la legión estaba al tanto de lo que pasaba.

La cadena confirma que los jóvenes, en la mayor parte de los casos, adolescentes, eran atacados por un grupo de sacerdotes y seminaristas que se aprovechaban de su inocencia y de la confianza que los padres habían depositado en la legión.

Uno de los padres nos decía que su familia tenía la certeza de que su hijo estaba más seguro y cuidado “con Maciel que en nuestra propia casa”.

Hay una corresponsabilidad real de los diferentes gobiernos que sabían de los abusos de Maciel y ante lo cual no hicieron nada. Su cercanía y complicidad también debe ser juzgada y revisada. El pederasta tenía una red de relación con el poder que fue precisamente la que le permitió estar en la impunidad.

No sólo fue con gobernantes, también tuvo una estrecha relación con empresarios, los cuales tenían a sus hijos en escuelas de los legionarios. El Vaticano también ha hecho diversas investigaciones. Recordemos que, de alguna u otra forma, Maciel fue señalado en innumerables ocasiones; al final no le sirvió al personaje su gran relación con el Papa Juan Pablo II.

Muchos integrantes de la legión han pagado con su fe y en sus vidas los abusos de Maciel y muchos otros sacerdotes. El informe muestra que están tratando de arreglar la casa.

El reporte es un gran paso dentro del drama, los abusos, la pesadilla y el dolor que no para.

RESQUICIOS.

Desde donde se vea y se interprete, el tema Bartlett va a marcar al sexenio, por más que digan que “muéstrenme lo contario y nosotros no somos como los otros”.