En lo que en Morena arreglan los serios problemas que tiene por su elección interna, el Presidente, a través de su mejor reducto, las mañaneras, aseguró que viene algo así como un Frena 2.

López Obrador sabe bien que personajes como Gustavo de Hoyos y Claudio X. González adquieren como pocos el calificativo de adversarios que han sido años en que han tenido buenos agarrones.

Que los empresarios quieran armar una oposición, más contra el Presidente que para la gobernabilidad, le viene a confirmar a López Obrador sus ideas sobre que estaban creando un grupo de intelectuales, académicos y empresarios un frente en su contra.

Con la ironía y sarcasmo que lo ha venido acompañando. Independientemente de todos estos lances, lo único cierto es que López Obrador no tiene oposición que le obligue a cambiar sus estrategias o que lo puedan apremiar.

El tabasqueño ha ido haciendo a un lado su muy famoso concepto de “mafia del poder”. A quienes tenía en su lista son ahora sus cercanos, quizá ahora tiene en la mira a algunos directores de periódicos a quienes les mandó decir que pongan su hamaca en el Zócalo con los de Frena.

Lo que queda claro es que en el sector privado, algunos lo dicen en voz alta y otros en voz baja, están abiertamente en contra del Presidente. Saben que realmente es difícil crear un frente opositor, porque no hay condiciones para ello y porque la fuerza del Presidente se fortalece cotidianamente.

No hay manera de soslayar la popularidad de López Obrador. Las encuestas lo confirman, aunque no somos de la idea de que alcance el 70%. Con la aceptación que tiene puede hacer casi lo que quiera bajo el gran riesgo que está significando convertirnos en un país, en su gobernabilidad, de un solo hombre.

El Presidente puede colocarse ante la prensa y ante quien se le ponga enfrente como un mandatario fuerte y con una real autoridad moral. El tema de los fideicomisos es una prueba clara de una falta de razonamiento y debate, quedó claro que al final fue un acto de autoridad que algo pudiera tener de autoritarismo.

Los empresarios no saben cómo hacerle. Confían en que Alfonso Romo los cobije, al tiempo que el empresario en Palacio Nacional vive en una montaña rusa; un día le dicen que sí y al otro ni siquiera lo voltean a ver.

El Presidente sabe que puede señalar sin que haya de por medio una respuesta que pueda permear en la sociedad, es el dueño único del discurso; va un paso adelante y tenga razón o no termina por tenerla.

A Gustavo de Hoyos y a Claudio X. González les lanzó un madruguete al que hasta ahora no han podido responder de manera creíble. Las declaraciones del dirigente de la Coparmex han oscilado entre un “claro que no” y una declaración que se interpreta como lo contrario.

Hasta donde sabemos el exdirector de la Fundación Televisa públicamente no ha dicho nada, pero es evidente su distancia y confrontación de tiempo atrás con el Presidente.

No creemos que ninguno de estos personajes pueda hacer mucho que digamos. No sólo se debe al abrumador poder presidencial, también se debe a que no tienen una base social a diferencia de lo que el Presidente ha construido por años.

López Obrador tiene el poder emanado, repitámoslo una vez más, de millones de votos. Quien se le ponga enfrente tiene que hacer algo más que una movilización en el Zócalo, lanzarle diatribas, organizarse en la oscuridad o algo parecido. Con lo que tienen Gustavo de Hoyos y Claudio X. González hoy no llegan ni a la esquina.

El Presidente seguirá gobernando por la libre, el problema evidentemente es otro: el país no puede vivir bajo la imagen y semejanza de un solo hombre.

RESQUICIOS.

La SEP ha echado a andar una compleja maquinaria. Con todos los problemas que se tienen el proceso educativo está en marcha. Llegará el día en que sabremos los alcances de lo que se está haciendo, pero en el camino estamos ante un proyecto formidable; como sea más de 25 millones de estudiantes están en clases con la pandemia a tope.