Siempre he pensado que es una ventaja que la comunicación ahora dependa de nosotras las personas no famosas. Antes la única manera de hacer algo viral era contar con un programa de televisión o de radio, un periódico o libros publicados. Ahora, todas las personas, gracias a nuestras redes sociales, podemos comunicar lo que queramos, cuando queramos. Podemos hacer viral recetas de postres, una causa en la que creemos o algo que nos llena de esperanza y creemos digno compartir.

Pero, repito, podemos comunicar lo que queramos, cuando queramos. Podemos hacer viral un ideal de belleza, una forma de consumo, un meme que se burla de alguien o noticias falsas y que provocan pánico.

En las últimas semanas, me he sentido invadida por noticias respecto a la pandemia. Pronto hice consciente que no son las noticias oficiales aquellas que me alarman, al contrario, la información de fuentes oficiales la busco porque me trae tranquilidad saber objetivamente a qué me estoy enfrentando. Es todo lo demás lo que me ha afectado, que el 98% de las novedades en mi Facebook son al respecto, sin filtro de información real, memes, teorías conspirativas y mitos.

Hace tiempo hice consciente el contenido que sigo y cómo eso altera ciertas percepciones de mí misma. Instagram, especialmente, me ha hecho creer que no soy tan delgada, no tengo tanto éxito, no tengo tanto dinero, no tengo tantos tatuajes, y hasta que no tengo a los perros más obedientes. Incluso una vez que logro cambiar aquellas cuentas que sigo por algunas que sean más motivantes, también puedo llegar a sentir frustración por no leer tanto, por no tener tan bonita letra o por no comer tan saludablemente.

Por otra parte, me aterra saber qué contenido siguen otras personas. Siento agradecimiento por saber identificar aquello que me hace bien y mal en redes sociales, pero eso no quita esa información del campo visual (y de las percepciones) de otras personas que quiero, o de mis pacientes de quienes me importa su bienestar.

Las redes sociales me hacen pensar tanto en aquella frase: el pasto es más verde del otro lado. Y creo que hay un par de opciones aquí: el pasto es más verde del otro lado porque es falso, como ese trend de TikTok donde influencers enseñan a posar para verse con cinturas más chicas y caderas más amplias; o el pasto es más verde del otro lado porque ahí sí lo riegan, como tantas personas comentando últimamente cuánto más están leyendo, ejercitándose, emprendiendo, horneando, etc. gracias a la contingencia y a estar en casa. Respecto a la primera, podemos sentirnos afectadas por no alcanzar ideales que son inalcanzables justo porque son falsos. Respecto a la segunda, nos sentimos afectadas por no alcanzar ideales que no podemos (por la circunstancia que sea) trabajar también.

Una de mis frases favoritas en la historia de la literatura gráfica es esa de El Hombre Araña en la que tengo tanta fe: Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Tener, desde un clic en nuestro celular, el poder de compartir información, es un gran poder. ¿Tenemos la suficiente responsabilidad para tenerlo?