Sigue rondando en el mundo, lo cual nos incluye, la idea de que detrás del coronavirus existe una especie del complotismo, o que el virus no es algo tan grave como no lo han hecho ver.

Una enfermedad de esta naturaleza no requiere de ver cómo la gente se va muriendo en las calles o si la cifra es verdaderamente alta para reconocer su existencia. La reacción ante el virus es contenerlo, enfrentarlo y buscar la manera de controlarlo.

Al final de todo esto habrá ganadores y perdedores, habrá quien mejor haya enfrentado la situación y quien le haya sacado provecho a la transición.

Hay quien piensa que detrás de todo esto está la provocación, la creación intencional del mismo virus y el papel del gran capital para desatar una gran crisis económica al tiempo que contrae e inhibe la movilización social.

Podrán lanzarse muchas hipótesis, pero detrás de lo que se está viviendo está el diagnóstico con base en el conocimiento científico, están los enfermos y los muertos, y están los miles y miles de testimonios de familiares, amigos y personas que han estado cerca del virus o que han sido afectados por la pandemia.

¿Qué necesita pasar en el país para que se le pueda dar su justa dimensión a lo que está pasando y podamos evitar a los agoreros del desastre, o a quienes no le dan la debida importancia al coronavirus?

El cuidado que piden las autoridades tiene que ver con el conocimiento sobre el fenómeno, no se trata de subirse a una especie de ola por lo que pasa porque en nuestro país hay mujeres y hombres con capacidad e información quienes nos están dando un diagnóstico preciso, más allá de la forma en que está azotando el virus en muchos países, a estas alturas va a ser difícil que alguna nación esté exenta del Covid-19.

Es por ello que las declaraciones iniciales del Presidente, cuando decía que el coronavirus nos hacía los mandados, provocó que mucha gente diera entrada a una percepción diferente de lo que se veía venir.

Estamos en medio de una disyuntiva. Por un lado, los riesgos de muerte y de contagio van creciendo en la medida en que pasa el tiempo, pero, por otro lado, frenar la economía, como se ha dicho en innumerables ocasiones, es colocar al país bajo un escenario totalmente peligroso de consecuencias, sin descartar que por ello se presenten irrupciones sociales en el país.

El discurso es un instrumento para enfrentar al coronavirus y también para minimizarlo. A pesar de que el Presidente se va a menudo por la libre, el hecho de que haya un vocero permite a los ciudadanos tener información y certidumbre sobre las decisiones y acciones oficiales.

El discurso puede terminar siendo el verdadero mensaje en forma y fondo. Esto va para el Presidente, los científicos, el vocero, los medios, las redes y para los empresarios.

Minimizar el virus convocando a los empleados de empresas para hacer ver que las cosas son menos graves de lo que se dice, genera un estado de ánimo que, en sentido estricto, va aparejado con credibilidad que le otorgan los trabajadores a quien les paga; al fin y al cabo es su jefe desde y además cercano al Presidente.

Al interior de la sociedad se van teniendo diversos discursos emitidos por personajes que son escuchados y para algunos un referente.

El gobernador de Puebla se sumó al absurdo al referirse al coronavirus: “si ustedes son ricos tienen el riesgo, si ustedes son pobres, no, los pobres estamos inmunes, sale”.

Ante el discurso, hoy como siempre hay que atender qué se dice, por qué se dice, quién está detrás de lo que se dice y, sobre todo, quién lo dice.

RESQUICIOS.

Personaje de leyenda para el futbol y para la filosofía del futbol fue don Nacho Trelles. Hombre querido, controvertido, triunfador y con gran sentido del humor. Tuvimos buenas conversaciones sobre la vida y el futbol. Una de las muchas frases de don Nacho: “Los únicos clásicos que yo conozco son los cerillos”.