La Estafa Maestra define a Peña Nieto. Junto con la desaparición de los 43 normalistas son dos hechos que hoy, y al paso del tiempo identificarán su sexenio.

No se pasan por alto otros acontecimientos; sin embargo, la flagrante corrupción en el gobierno y la impunidad en Iguala son la definición y la cara de lo vivido.

López Obrador sabe lo que significan para la opinión pública estos dos lamentables acontecimientos. Su gobierno está intentando trabajar a profundidad en ello. En el caso de la desaparición de los normalistas se ha creado una comisión que en poco tiempo deberá ofrecer resultados. El gobierno evidentemente está a prueba.

Algo que puede enfrentar pudiera ser que en el camino llegue a conclusiones similares a las que ya se conocen. La diferencia estará en la forma en que se llegue al final de la dolorosa historia. Si se ratifica mucho de lo que se ha dicho y concluido lo importante será, en este caso, el cómo se llega a ello. Por investigaciones y testimonios de alguna u otra forma se tiene cierta idea del destino de los estudiantes. Lo que se requiere es certidumbre y que, en la medida de lo posible, las familias queden tranquilas.

Lo que provocó todo tipo de incertidumbres, dudas y cuestionamientos tiene que ver con la desaseada forma en que se investigó y se informó; a lo que se sumó la poca sensibilidad ante el dolor de las familias.

Peña Nieto dejó un asunto de enorme relevancia y trascendencia en otras manos, nunca estuvo al frente de él, ni cuando el caso adquirió relevancia internacional.

El tiempo y el reto corren para la actual administración. Por más doloroso que sea está obligada a presentar las conclusiones, sean las que sean. Hay una voluntad manifiesta de responder con verdad a las familias; el tiempo y el reto van aparejados.

El otro gran tema es la Estafa Maestra, la cual va a entrar en una etapa crucial. La FGR tiene dos grandes retos: tener bien armada la investigación y, por otra parte, enfrentar un hecho inédito, ir tras todos los responsables sin importar quienes sean.

Queda claro que en la historia Rosario Robles es uno de los ejes, pero también cada vez es más claro que ella es una pieza de una cadena. No pudo actuar en solitario sin que estuvieran al tanto altos niveles de gobierno. La trama tiene en lo inmediato a sus principales colaboradores como corresponsables, pero pensar que ella lo hizo sola es ingenuo o es tratar de crear esta idea con el objetivo de exonerar a los otros presuntos responsables.

La detención de Rosario es un gran paso, pero es evidente que no es lo único. Si algunos de sus excolaboradores están corriendo por su vida dando a conocer detalles de la operación, esto no debe ser motivo para que sean exonerados o que todo se concentre en Robles.

La FGR tiene el gran reto de enfrentar una maquinaria de poder que por más diluida y desacreditada que esté sigue siendo poderosa. ¿Puede una operación de complicidades y corrupción de esta naturaleza pasar por alto al Presidente del país?

La respuesta puede llevar a que en los hechos efectivamente Peña Nieto no estuviera al tanto, pero no se puede soslayar que por la forma en que se hicieron las cosas y las decisiones que se tomaron colocan al expresidente sino como responsable directo, si por omisión.

Según el exauditor Juan Manuel Portal, Peña Nieto estaba al tanto. Hace unos días aseguró a El Universal que le reportó al expresidente que si el “caso Duarte es grave… lo de Rosario Robles es gravísimo”.

La FGR ha echado andar la maquinaria de la justicia, si ya abrió la puerta está en ella no cerrarla hasta que esto no se acabe hasta que se acabe.

RESQUICIOS.

Lo que pasó el viernes muestra el nivel de irritación no sólo ante la violencia hacia las mujeres sino también confirma el encono histórico hacia los medios de comunicación. El gobierno de la Ciudad debe saber e identificar el problema y entender que las manifestaciones ya también son contra él.