La prisa que trae el gobierno de López Obrador lo está llevando a contradicciones y a dimes y diretes que no le vienen nada bien. Cuando se supo que había sido el ganador de las elecciones y cuando vio que Peña Nieto y su gobierno se hicieron materialmente a un lado, el tabasqueño se dedicó a correr con más enjundia que estrategia.

El discurso contra los gobiernos que lo antecedieron ha sido el eje sobre el cual ha construido su comunicación con la sociedad. Estamos en medio de un proceso total de mimetización entre López Obrador y sus seguidores.

Todo lo que dice el tabasqueño es tomado casi como estrategia a seguir, sin cuestionamiento alguno en el camino. Lo que agrava las cosas es que López Obrador termina por ser reinterpretado por algunos de sus furibundos seguidores, lo que puede llevar a actos como los de la semana pasada, en que presuntos simpatizantes agredieron y ofendieron a integrantes de la Corte.

Los testimonios de lo que pasó, entre otros el de la destacada y querida Leticia Bonifaz, evidencian el clima de confrontación en que estamos. López Obrador debió ser mucho más contundente y severo ante el hecho. La referencia presidencial se debió a una pregunta de la prensa más que a una reacción personal.

Las diferencias entre el Ejecutivo y la Corte no pueden ni deben pasar por los terrenos de la arena pública ni por las manifestaciones callejeras, sin pasar por alto que los salarios en la SCJN son tema a revisión para lo cual hay instancias.

No parece que hayamos caído en cuenta en lo que ha trascendido la división entre “fifís” y “chairos”. Ha alcanzado una concepción maniquea de “buenos” y “malos”.

Mientras el uso del lenguaje del gobierno no cambie, es probable que las confrontaciones se vayan a agudizar aún más, lo cual no quiere decir que si se cambia todo esto vayan a desaparecer, lo que es previsible es que se puedan atemperar.

Las redes sociales son auténticamente un ring en que se pelea sin reglas. Prevalecen los insultos, amenazas y las agresiones; a menudo en medio del cada vez más riesgoso anonimato. Si para alguien resultan “benditas” las redes sociales es para quien las bautizó como tales: el Presidente.

El gobierno pareciera que empieza a dar indicios de que ha entendido que ya pasó el tiempo de las campañas y las candidaturas. Ahora es su tiempo en el que debe dejar de ser oposición, tiempo en el cual estuvo sometido, maniatado y hasta vejado. Hay que entender que, a pesar de lo que haya sucedido, ese tiempo ya fue.

El fin de semana dio la impresión de que el Presidente está entrando en otros terrenos. Aseguró que no se la va pasar criticando y viendo hacia el pasado, porque queda muy claro lo que ha provocado. Ahora es tiempo de ver hacia delante y pensar, aseveró, en el presente y el futuro.

Este cambio puede ser importante porque es un nuevo mensaje que puede ser ocasión de un cambio también en el uso del lenguaje y, por ende, en la forma en que se comunica con sus millones de seguidores, algunos de los cuales se la pasan interpretándolo a su muy particular manera, más que escuchándolo.

Hemos insistido en las dificultades que existen para ubicarse ante el nuevo gobierno. Todo cambio genera incertidumbre y más cuando el nuevo gobierno está rompiendo moldes y formas, a la vez que se deshace del pasado como si nada fuera útil o sirviera.

Echar a andar el Tren Maya coloca al gobierno bajo otro perfil, aunque la cancelación del NAIM le vaya a pisar algo más que los talones a lo largo de seis años.

El Presidente debe buscar que lo dejen de interpretar sus desbocadas huestes.

Para ello debe atender lo que dice y cómo lo dice.

RESQUICIOS.

El 10% de las personas concentra la mitad de la riqueza nacional. Uno de cada diez hijos de obreros llega a tener un salario alto. De 100% de lo que perciben los trabajadores, sólo les queda un 40% al mes para transportarse y para su alimentación. Hablamos de Francia.