Hace unos días, platicaba con una amiga. La conversación comenzó con un: ¿cuál es tu postura feminista de la prostitución?

Platicamos un rato del tema, compartiendo nuestras posturas, o algunas cosas que hemos leído o escuchado al respecto. Después mencionó haberme preguntado porque soy su “feminista de confianza”, haciendo referencia a una publicación que compartí hace meses en la que, dado el auge del 8M, invitaba a las personas a acercarse a su “feminista de confianza” si tenían dudas respecto a qué significa el 8M, por qué el paro, etcétera.

Lo curioso de todo es que su pregunta original: ¿cuál es tu postura feminista de…?, me hizo pensar en MI feminista de confianza, y preguntarle lo mismo. Conociéndola, estoy segura que ella también tiene a su feminista de confianza, y ella a una más. Incluso, en la conversación que tuve con ambas no hubo ninguna “postura” totalmente individual: todo estaba marcado por aquellas otras posturas que conocemos, de nuestras propias “feministas de confianza”.

En este caso, estoy hablando de feminismo, pero puede aplicar con cualquier otro tema.

Es bastante probable que sepamos más de algo que otra persona; quizá porque el tema nos interesa y hemos investigado más al respecto o porque sencillamente por circunstancias personales o laborales hemos estado más cerca del mismo.

También, es mucho más probable que exista alguien más con mayor información que nosotras al respecto.

Cuando supe que soy la “feminista de confianza” de alguien, debo aceptar que sentí algo de orgullo: ¡qué gusto saber que alguien puede acercarse a mi respecto a un tema que conozco! Inmediatamente después, sentí algo de presión y miedo: ¿realmente soy yo la persona adecuada para responder esto?

Por eso cité otras referencias, por eso yo misma busqué otra opinión.

Me parece importante reconocer con humildad que hay muchas personas que saben más que yo de todo (mucho, mucho, mucho más). Saberme la referencia de un tema para alguien me inspira, motiva y, sobre todo, me reta para saber más, para nunca dejar de aprender, quizá incluso para nunca darme el lujo de considerarme experta en nada, porque seguro alguien más seguirá siendo mi referencia de confianza. Y qué proceso tan maravilloso, sabernos siempre con el conocimiento de algo, y al mismo tiempo y con más razón, con la oportunidad y la necesidad de saber más al respecto.

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