FOTO: Posta/ Saúl García
FOTO: Posta/ Saúl García

Durante una terapia la psicóloga me contó un chiste. En ese momento, no le encontré sentido ni me pareció importante. Dos meses más tarde, durante otra sesión, volvió a referir a aquella anécdota. Entonces, me hizo clic, y he basado muchas decisiones de mi vida en esta historia:

Se encuentra un señor afeitándose en el baño en absoluta tranquilidad cuando, de la nada, llega la esposa enfurecida y le reclama a gritos:

—¡Te metiste con la muchacha!

—Ese es mi problema.

—¡Pero la embarazaste!

—Ese es su problema.

—¿Y ahora yo qué voy a hacer?

—Ese es tu problema.

Vivimos buscando a quien responsabilizar de nuestros sentimientos, de lo que pasa en nuestra vida y de todo lo que creemos que está mal. La verdad es que la responsabilidad de lo que nos sucede y cómo nos sentimos al respecto es solo nuestra. Conozco personas que se pasan media vida entrometiéndose en los asuntos de los demás… que si en el chisme del colegio de los hijos, que si los vecinos, que si los compañeros de trabajo… Es urgente que dejemos de hurgar en las vidas ajenas y nos concentremos en la propia. Además, la mayoría de las veces todos los defectos que señalamos en los demás, en realidad son un reflejo de lo que traemos dentro cada uno de nosotros.

Hay un segmento importante de gente que es buenísima para soltar veneno y para criticar pero raras veces propone cómo mejorar y muchos menos, se compromete a ayudar. Critican pero se les ha olvidado por completo sumar.

Siempre habrá personas que tendrán la nariz metida en nuestras vidas sin embargo, eso no necesariamente nos traerá malestar. En mi caso, me percaté de que mis problemas se redujeron considerablemente cuando tomé conciencia sobre mis pensamientos y mi actitud frente a los demás. Cuando empecé a ver hacia adentro, empecé a tener cada vez menos problemas porque ya no me podía mentir a mi misma. Era evidente que cuando el problema era de otro, yo no tenía nada qué hacer, pero cuando era mío… no tenía ni para donde hacerme… más que enfrentarlo.

Así que, si el problema es que estás gordo, no te quejes de la comida que sirven en el comedor de la oficina. Trae tus propios alimentos y cuidar tu dieta. Si vives con deudas, no culpes a tu jefe porque no te paga lo suficiente. Haz un plan financiero para recuperar tu libertad. Si tienes problemas de pareja, no lo culpes a el o ella, porque de seguro buena parte de la responsabilidad también es tuya. Mejor piensa, ¿qué podrías hacer tú para que el resultado fuera diferente? Si te molesta que haya basura en tu cuadra, ¿qué tal si empiezas por barrer enfrente de tu casa?

La gran diferencia entre el que solo critica y el que de verdad se preocupa es que este último, hace algo. Y tú, ¿qué vas a hacer? porque cada vez que te suceda algo, ese es tu problema.

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