La división tradicional de roles que ha caracterizado al matrimonio como institución es que el hombre sale a trabajar y la mujer se queda en casa al cuidado del hogar y de los hijos. Si bien esta fórmula ha funcionado a lo largo de generaciones y muchas parejas han construido vidas felices sobre este cimiento, los últimos años, las expectativas de las parejas, sus familias, y las dinámicas que han entablado, han cambiado.

Antes, para cumplir el rol de papá, había que traer el sustento a la casa, y aunque no supiera nada de sus hijos, la mujer se sentía satisfecha de tener un hombre que “le diera todo a ella y a sus hijos”.

Ahora, se espera que papá se involucre mucho más en las actividades familiares, especialmente, que conviva con los hijos, que tome un rol más activo en sus vidas, que ayude a su formación emocional y a que ejerza su papel de padre de una manera más afectiva y cercana.

Al mismo tiempo, mientras papá se ha acercado más al hogar, mamá ha alcanzado puestos importantes en el ambiente laboral. Digamos que hombre y mujer se han acercado a las áreas de las antes se les había apartado. El hecho de que hombre y mujer “se den permiso” de explorar otros intereses, está bien, pero es aún mejor, cuando esto sucede porque la pareja coincide en objetivos.

Cada vez son más los hombres que deciden involucrar a sus esposas en los negocios. Con una participación específica y puntual, o amplia y de gran alcance, el hecho de que la mujer colabore con el negocio de donde proviene el sustento de su familia ha traído muchos beneficios. Por una parte, ella se fortalece en el aspecto laboral, ensancha su perspectiva de vida, y brinda un ejemplo de esfuerzo a sus hijos. Por la otra, esta colaboración también fortalece su relación de pareja, porque su marido se siente respaldado y acompañado, no solo emocionalmente, sino laboralmente por su esposa.

Cuánto más fuerte y cercano sea el lazo entre la pareja, van a desarrollar una mejor dinámica, van a enfrentar mejor las crisis y van a disfrutar mucho más los logros porque los consiguieron entre los dos.

De la misma manera, cuando la mujer anima la participación activa de su pareja en las actividades que tradicionalmente se consideran terreno femenino, cuando lo involucra en las tareas de los niños, o lo toma en cuenta para decisiones del hogar, el hombre expande su capacidad emocional, valora más el hogar y dota de un sentido más profundo toda su vida.

En la medida en que hombres y mujeres nos acerquemos con compromiso, respeto y sensibilidad a los actividades del otro, entablamos vínculos más fuertes, hacemos equipo, y juntos, exploramos nuevos horizontes.

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