Existen ciertos patrones aceptados socialmente: estudiar ciertos tipos de carreras, en ciertas universidades, rodearse de amistades de cierto tipo y núcleo social, realizar ciertos tipos de viajes. Todo eso permite que la sociedad nos vaya acomodando en cajoncitos a modo de clasificaciones y junto con eso viene una etiqueta en la que señalan su aprobación o rechazo.

En el caso de las mujeres existen algunas expectativas sociales que se recomienda seguir para no salirse demasiado del molde: casarse joven, tener hijos pronto, trabajar con mediana intensidad o tiempo parcial “para no descuidar a la familia” y un largo etcétera.

Las consecuencias de no seguir el patrón anterior son variadas, pero principalmente se resumen en una frase que juzga, determina y cae como una condena: “Es que está loca”.

Una vez que estampan el sello de locura en la frente de una chica, la gente observa con recelo reacciones “muy apasionadas”, liderazgos “demasiado intensos”, instrucciones “demasiado directas”, o hasta conductas “masculinas”.

Pero cuando una mujer sabe a donde quiere llegar, difícilmente se distrae del camino. Los comentarios nocivos hacen daño, es cierto, avanzar se vuelve más duro cuando se tienen que sortear las críticas, chismes y grillas. Pero son parte del camino. Cuando una mujer hace algo diferente y llama la atención, por alguna razón buscan callarla y sacarla de los escenarios. No sé porque suceda así, pero lo he visto incontables veces.

El plan A es cómodo, seguro, confiable —al menos hasta cierto punto— pero en ocasiones hay mujeres que no nacieron para seguir el patrón establecido. El camino probado, el que se ha verificado tantas veces, en ocasiones no es suficiente, a veces, ni siquiera es una opción.

Entonces queda el plan B, el desconocido, el que implica riesgo, el que da un poco de miedo, el que viene acompañado de críticas y de gente que voltea los ojos. Pero el plan tiene su encanto.

Es más duro, hay más de un camino, hay ansiedades y lágrimas. Hay veces en las que falta el dinero, y otras en que la compañía se desaparece, se van los amigos, no llega la pareja, los familiares miran desde lejos.

Pero si quien decide andar su propio camino, su propio plan B, sigue adelante a pesar de todas las desavenencias y críticas, después de un tiempo, con suficiente perseverancia la chica a la que antes tildaron de “loca” empieza a brillar. Llegan los aplausos, el reconocimiento y los premios.

Y lo más divertido es ver que quienes alguna vez le dieron la espalda a “la que está loca”, de pronto se acuerdan que con esa “loca” tenían una entrañable amistad. ¡Ah… la belleza del plan B!

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