Para algunos el verano es la temporada para descansar, para otros, es el momento de presentar los exámenes de admisión a preparatorias y universidades. El futuro de los próximos años académicos se decide en las pruebas que cientos de jóvenes presentan para asegurar un lugar en los planteles estatales.

La hija de una amiga se encuentra, como tantos jóvenes neoleoneses, esperando que su nombre aparezca en la lista de admisiones. Se acercó lo más que pudo a la ventana del salón para alcanzar a distinguir su nombre sobre el papel. Algunos chicos festejaban que habían alcanzado un lugar… ella repasó el listado de arriba abajo un par de veces. No pasó el examen… Sin más, se regresó a su casa. Cuando su mamá, mi amiga, le pregunta preocupada que qué va a hacer, la chica —con una vaga tristeza— solo se encogió de hombros y se puso a ver su celular. Cuando mi amiga me relata la escena y le pregunto qué harán me respondió: “Pues ya qué…”

La educación escolar es muy importante, es una de las principales herramientas para expandir la mente, sin embargo, igual o más importante es la educación que se imparte en casa, de padres y madres a hijos. ¿Cómo es posible que mi amiga desperdiciara una oportunidad clave para enseñarle a su hija el valor de la perseverancia y buscar presentar nuevamente? ¿Cómo “se le cerró el mundo” y no le dijo a su hija que preguntara en el plantel si la lista estaba completa o si faltaba algo? ¿Cómo no se le ocurre responsabilizarla de su futuro y animarla a buscar otra opción?

Me quedé impresionada y triste, al mismo tiempo. Desafortunadamente, historias como esta no solo se viven con hijos adolescentes sino con adultos de todas las edades. En una ocasión, en una fiesta, me tocó ver como uno de los asistentes que ya pasaba los 50 años buscó a su mamá para quejarse del comportamiento de su esposa… ¡Increíble! Si no enseñamos a los hijos a crecer, madurar y responsabilizarse de sus acciones, la vida será mucho más difícil para todos.

Yo no tengo hijos y es cierto que no existe ningún manual que nos enseñe a ser padres o madre, pero sí hay muchos libros que nos invitan a reflexionar sobre nuestras acciones, a sanar nuestras heridas emocionales, a crecer como personas y detectar oportunidades para impulsar el crecimiento de nuestros hijos.

Debemos recordar que todo lo que hacemos o dejamos de hacer nos afecta a todos, como sociedad, y no tenemos tanto tiempo para empezar a cambiar. Según un estudio reciente de la ONU se estima que para el año 2050 el daño al planeta será irreversible y enfrentaremos consecuencias devastadoras por el cambio climático. No ha sido algo que haya sucedido de la noche a la mañana, ha sido por nuestra irresponsabilidad, negligencia y desinterés.

Cuando veo el futuro tan desalentador y percibo en el presente tan pocas ganas de cambiar, me nace una preocupación a tal nivel que me lleva a cuestionarme si realmente quisiera tener descendencia.

Hay que cambiar y hay que hacerlo ya, pues como dicen en el budismo: “El problema es que crees que tienes tiempo”.

Twitter: @claravillarreal

contacto@claravillarreal.com