Durante el discurso del Zócalo el pasado sábado, el presidente López Obrador dijo, a propósito del derecho a la salud, que nuestro país tendría que aspirar a ser como Canadá o los países nórdicos. Bien. También en otras ocasiones se ha utilizado el ejemplo de Suiza para defender las consultas. Excelente. Pero si vamos a poner de ejemplo a esas naciones, también habría que señalar que cuentan con un sistema de gobierno estructurado de tal forma que el poder no pueda acumularse en una sola persona. Si la “cuarta tranformación” va a ser un parteaguas positivo en la historia de México, impidiendo que el poder se concentre en unos cuantos (una de las principales banderas políticas de AMLO), entonces forjar esas estructuras también es básico.

Por más bueno que sea un gobernante, es sumamente importante acotar su poder, por automático. Hasta ahora el presidente ha dicho que respetará a las instituciones actuales como el Banco de México, el INE, y desde luego los otros dos poderes de la unión (el legislativo y el judicial). Pero eso no debería ser opocional, algo que el presidente en turno “decida”, sino que tendría que ser por default. Ojalá, en ese sentido, se instauren mecanismos para impedir la concentración de poder, no solo ahora, sino en el mediano y largo plazo.

En Suiza, por cierto, el gobierno está formado por un consejo federal colegiado de 7 miembros. Hay un presidente, pero en realidad es un “primero entre iguales” porque no tiene más poder real que el resto de los consejeros, y las decisiones se toman por mayoría. Esto garantiza mucho más balance. No se trata de tener en México un sistema igual, pero sí podemos crear una fiscalía independiente, por ejemplo, o incluso pensar en separar la jefatura de Estado de la de gobierno.

APUNTE SPIRITUALIS. George H.W. Bush dejó instrucciones de invitar a Donald Trump a su funeral. Y es que el ex presidente ponía a la institución presidencial por encima de los conflictos entre su familia y el magnate. Cachetada con guante blanco a Trump.