No es lo mismo que se diga que puede pasar algo a que suceda.

Esto pasa con las denuncias de hecho Emilio “L” de las cuales habían surgido un sinfín de especulaciones y que ya en los tribunales son justificado motivo de sacudimiento político; esto apenas empieza.

Más allá de lo que haga la Fiscalía, que se espera sea efectivamente autónoma, el Gobierno tiene todo a la mano para sacarle el mayor provecho político a lo que plantee o invente Emilio “L”.

A pesar de mantener altos niveles de popularidad, el Presidente ha venido siendo cuestionado por algunas de sus confusas y cuestionables decisiones.

El ventilador que prendió el afamado personaje le va a permitir a López Obrador moverse en terrenos que les son útiles y familiares y tener una capacidad de maniobra que le permitan señalamientos, esos a los que tan a menudo recurre. Pero sobre todo le da herramientas para enfrentar el obsesivo proceso del 2021.

A lo largo de seis años el país vivió bajo la impunidad y corrupción de un gobierno que hoy con toda razón está en la mira. No hay manera de encontrar elementos rescatables, ya que basó buena parte de su gestión en hechos y formas que se están denunciando y ante los cuales difícilmente se encontrará una explicación de no ser la complicidad, la impunidad y la corrupción.

Emilio “L” está denunciando lo que diversos trabajos periodísticos y organizaciones civiles hicieron en su momento, los cuales, es importante no olvidarlo, fueron desacreditados desde el ejercicio del poder con mecanismos oprobiosos.

Estamos viendo lo que suponíamos, pudiera ser también que estemos ante el fin de gestiones que tenían a diferentes actores de la sociedad como cómplices estratégicos, lo que incluye de manera particular a la estructura de poder de los medios de comunicación.

Falta mucho por ver y pudiera ser que en el camino las complejidades de los procesos judiciales lleven a ciertas limitantes, de hecho, hay delitos que se señalan que han prescrito. Lo relevante, bajo esta posibilidad, está en que la sociedad conozca de manera directa lo que a lo largo de varios años se hizo desde un gobierno que desde sus inicios utilizó la trampa para poder establecerse.

Independientemente del morbo que rodea lo que estamos viviendo, lo importante es que se establezcan nuevas reglas y se aprenda de todo ello, particularmente en el ejercicio del poder.

En este tipo de situaciones, como lo sucedido en muchos países con el caso Odebrecht, si la información no salía de adentro no había manera de conocer las tropelías. Emilio “L” es la pieza que se necesitaba para ello, ya está en los terrenos de ser juez y parte sin que esto lo exima de responsabilidades.

Para no perder de vista es el hecho, que visto a la distancia resulta brutal y terrible, para decir lo menos, cómo la sociedad fue siendo embaucada a través de los aparatos propagandísticos oficiales y sus cómplices para crear una idea de un presidente y de un proyecto de gobierno que no tenían nada que ver con el desarrollo del país, y sí mucho que ver con la irregularidad, la trampa y la corrupción.

Lo que abona sin la menor duda en favor del Presidente es que por más que haya dicho aquello de “borrón y cuenta nueva” no ha frenado ni insinuado que se detenga el proceso, es obvio que es de su interés alentarlo.

Lo que no vemos es que José Antonio Meade o Ricardo Anaya hubieran permitido que se echara a andar al delator de los videos.

Las denuncias de Emilio “L” no son garantía para ganar las elecciones, pero de lo que no hay duda es de la ayudadota que les empieza a dar.

RESQUICIOS.

Otra vez el tema del cubrebocas. Dice el Presidente que mientras no le digan los especialistas que lo tiene que usar no lo hará. Ni cómo hacerle, esperábamos el fin de la corrupción para ello, pero ahora se ve todavía más difícil, porque al único especialista al que le hace caso es un compendio de contradicciones en el tema y todo indica que vive sometido a ysq.