Crecí leyendo los libros de una escritora bastante famosa. Esos libros me acompañaron desde la adolescencia con personajes que sigo sintiendo cerca. Gracias a esa primera lectura aprendí a leer y me enamoré de hacerlo, igual que muchas personas de mi generación. Con esa historia aprendí valores que me siguen acompañando y me sentí menos sola en momentos terribles de mi adolescencia y juventud. El final del libro, llegado a nuestro país en tiempos en que una violencia terrible nos azotaba, nos recordó a todas las personas que el bien siempre triunfa.

Hoy esa escritora está siendo criticada por sus opiniones y sus valores están siendo cuestionados.

A principios de este año escuché el audiolibro de una mujer que tiene años inspirando a mujeres a cocinar recetas interesantes, a tener relaciones sanas con su familia, amigas y pareja, a tener más cercanía a sus creencias espirituales, y a trabajar para cumplir sus sueños, sean los que sean, compartiendo justo la manera en que ella ha cumplido los suyos: casarse, ser mamá biológica, ser mamá adoptiva, tener su propia empresa, escribir libros bestsellers. Esta semana, anunció en sus redes sociales su próximo divorcio. Puedo prever el bombardeo de comentarios: “ha estado años diciendo a las mujeres cómo tener un buen matrimonio, mientras el suyo se desvanecía.”

Personalmente, definitivamente tengo mi postura referente a ambas mujeres y escritoras a quienes admiro. Es otra cosa de la que quiero escribir aquí. Somos humanas y admiramos a otras. Para acompañar nuestro crecimiento, encontramos en otras personas aquello que buscamos, logrando así tener una luz que guíe nuestros sueños y metas. Y en ocasiones, esa luz pierde la humanidad. Pensamos que esas personas admirables son perfectas, y entonces les retiramos el tan humano derecho de fallar. Y cuando lo hacen, cuando se equivocan en el nivel, magnitud o tema que sea, les quitamos toda la luz que algún día les vimos. Son diosas con pies de barro, que en nuestro afán de sostener en lo alto, rompemos sin darnos cuenta. Mi duda es, ¿no las hace eso todavía más admirables? Esa mujer tan humana como yo, con una tendencia tan clara a la equivocación como yo, con una historia como la mía, con fallos como los míos, está en una posición que he admirado. Y además, igual que yo, es humana, y se equivoca, y triunfa, y vuelve a equivocarse. Y por eso la siento más cerca que nunca, incluso si no coincido con todo lo que dice, incluso si me sorprenden los giros que dan sus creencias, sus pensamientos o su vida. La siento más cerca que nunca porque es humana, igual que yo.

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