¿Recuerdas las caricaturas que más veías en la infancia? Mis favoritas eran Hey, Arnold! y Rocket Powers. Tengo clarísimo que Rocket Powers marcó mis pasatiempos infantiles: me creía una de ellas cuando patinaba en las calles de mi cuadra o cuando iba por una hamburguesa al puesto de mi papá. Y respecto a Hey, Arnold!, me sentía identificada con Helga (era la rudilla y malhumorada de la colonia), y constantemente encontraba relación entre aquello que vivía en la primaria y lo que Arnold vivía en la caricatura.

Ya en la adolescencia, comencé a ver más películas. Soñaba con un romance como el de Patrick y Kat cuando veía 10 Cosas que Odio de Ti, y me sentía identificada con la rebeldía de Kat. Me llenó el corazón saber que su papá se sentía orgulloso de ella, incluso siendo tan diferentes, y me ilusionaba la posibilidad de tener una buena relación con mi hermana algún día, considerando, igual que en su caso, que éramos prácticamente polos opuestos.

De Chicas Pesadas y de Ella Es Así aprendí bastantes cosas respecto al bullying y la aceptación de una misma; entendí mi personalidad como algo que nunca iba a permitirme ser la chica popular y lo acepté. Comprendí la importancia de amarme independientemente del lugar en que estuviera en la escala de popularidad en la escuela.

Un Viernes de Locos, por otro lado, me habló mucho acerca de la relación con mi mamá: esta diferencia abismal entre nosotras existe y durante la adolescencia llegué a pensar que éramos de planetas distintos, pero llegué a comprender mucho más de nuestra relación gracias a esa película.

Puedo mencionar bastantes ejemplos así; las películas, los libros, las series, las caricaturas me acompañaron. En la adolescencia me sentí preocupada por lo mismo que todas y encontré las respuestas a esas preguntas en lo que estuvo a mi alcance. Sin embargo, hubo algo que nunca encontré: una chica enamorándose de otra. No llegó a mí ninguna referencia del tema, y tampoco es que lo buscara, porque ni siquiera sabía qué nombre tenía. Nunca vi algún personaje mujer confundida porque se enamora de su mejor amiga, nunca un personaje enfrentándose a tener que salir del clóset con su familia, o sufriendo bullying por las burlas al respecto. Me sentía sola y no sabía qué hacer. El personaje de la comunidad LGBT+ siempre fue un sidekick, el mejor amigo gay que tiene buen estilo y toma un papel importante solamente durante el makeover de la protagonista, o la chica “masculina” que NECESITA el makeover. El personaje de la comunidad LGBT+ nunca fue el principal.

Hoy veo mi feed en Netflix o Amazon Prime con una oferta extensísima de películas y series al respecto, conozco caricaturas que tienen personajes de la Comunidad LGBT+, y en este mes del orgullo he visto incontables listas de libros en los que protagonizan dos personas del mismo sexo, o personas queer en su proceso de conocerse, o trans al tomar decisiones.

Y eso me llena de orgullo y una especie de tranquilidad: saber que las personas están acompañadas en sus vidas, que ven a otras igual que ellas en los medios de comunicación, que saben que no están solas, que encuentran respuestas a sus preguntas. Y además, y más importante, que hay historias que les recuerdan que deben sentirse orgullosas de quiénes son, independientemente de ser parte de la Comunidad LGBT+, o precisamente por eso.

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