Mientras esperaba mi turno, comencé a observar su yeso que le llegaba un poco más arriba de la rodilla, mientras lo veía pensaba en lo molesto que ha de ser salir con toda esta situación de tapabocas, antibacterial y encima en muletas.

El señor de las muletas le agradeció a la señorita que atendía en el consultorio médico en el que me encontraba y se dio la vuelta como pudo para avanzar hacia uno de los asientos que no estaban marcadas con una X (es decir disponibles para sentarte con susana distancia).

Al querer acercarse a su lugar tambaleo un poco y eso hizo que voltearan todas las personas que estaban sentadas en aquel lugar. Una chava que estaba sentada cerca levanta un poco su mano y le pregunta confundida: “quiere que le…” Su pregunta se ahogo al no saber que proponer.

Desde mi lugar la voltee ver segurísima de que tenía las mismas preguntas que yo en en su cabeza: ¿Ofrecer una mano o hasta detener una muleta hará más daño que ayudar? ¿Cómo puedo ayudar manteniendo la distancia, no sé si el podría estar enfermo, o si la enferma soy yo?

“Solo necesito recuperar el aire” comentó mientras sonreía, bueno la realidad es que no pude ver si estaba sonriendo por el tapabocas. Acto seguido, a mi mamá que estaba parada ahora en el mostrador se le cae un papel y una señora muy amablemente lo recoge y luego le dice con una mueca: “Una disculpa ya lo toque” y con esto todo el consultorio suelta una carcajada al reconocer sin tener que comentarlo que esta era nuestra nueva realidad.

Pienso que podemos coincidir en que son momentos difíciles para todos, muchas personas han perdido su empleo, algunos tienen familiares o amigos enfermos, o quizá toda esta situación está causando estrés y ansiedad en otros. En fin, son momentos duros en los que lo último que necesitamos es la indiferencia cuando salimos a la calle y tratamos con otras personas.

En los momentos en los que más se necesita empatía, amabilidad y apoyo, las nuevas reglas del juego promueven más el individualismo y la falta de contacto en todos los sentidos. El poder de una sonrisa desapareció detrás de un tapabocas, y ofrecer una mano se volvió un acto riesgoso al exponerte a un posible contagio.

A lo que voy con todo esto es a un llamado a salir de nuestra zona de confort y hacer un esfuerzo para humanizar todas las interacciones que tenemos. Podemos ver cada situación de este estilo como una oportunidad de hacer sentir mejor a la otra persona y de brindar un poco de calor y amor cuando el mundo se puede ver un poco frio y complicado.

Gary Chapman en su libro Los Cinco Lenguajes del Amor habla sobre como cada quién tiene una forma distinta dar y recibir amor, los lenguajes que menciona son los siguientes: palabras de afirmación, actos de servicio, contacto físico, tiempo de calidad y detalles. Esta teoría nos ayuda en nuestras relaciones personales de pareja, familia, amigos, pero en estos momentos pienso que aplica para todos. Cuando no puede haber contacto físico o actos de servicio, es momento de transmitir a través de las palabras y los detalles.

Como mencioné, esto aplica tanto para la gente que tenemos cerca, como para nuestras interacciones diarias. En cada salida al súper o cualquier interacción en la calle, piensa en que cada persona es un mundo distinto y nunca sabes por lo que está pasando. No nos cuesta nada preguntarle a la otra persona cómo está; que no se pierda el ser amable y el ofrecer ayuda.

Querido lector, estos son los momentos en los que demostramos lo que es ser humanos, sentir, vibrar, expresar y compartir.Que cada interacción sea una excusa para reconocer a las demás personas, y más que nada que un tapabocas no limite el alcance de nuestra sonrisa y que los momentos difíciles sean nuestro motor para ir más allá y pensar en los demás también.