FOTO: Posta/ Saúl García
FOTO: Posta/ Saúl García

La política es cuna de oportunidades, el éxito la mayoría de las veces es meramente circunstancial, pero existen casos de profunda decisión y de metas perfectamente bien definidas.

Tal es el caso de Andrés Manuel López Obrador, quien desde sus inicios en la política y a base de mucha dedicación, esfuerzo y paciencia, ha llegado hasta donde ha querido con un nivel de aprobación sorprendente, aunque ha disminuido gradualmente por sus desatinos verbales, pero, sin dejar de lado, una campaña mediática que ni él ni sus asesores, si es que los tiene, han podido acotar.

Sin embargo, las bases de su popularidad tienen fecha de caducidad, esto, si es que lo entiende, debería darle la opción de saber que nada es para siempre.

Mi amiga María Antonieta Morales Loo, hace ya casi 20 años, escribió un libro en el que sostenía, en base a su análisis intelectual, que para que nuestra democracia sea efectiva, primero se debe construir ciudadanía, y que para ello era necesario través de la educación desterrar la ignorancia, pues para lograr la mejoría en todos los aspectos, la gente debe estar consciente del valor, importancia y trascendencia de su voto.

Bajo esa premisa, la ignorancia llevó a la ciudadanía a elegir figuras en lugar de capacitados, prevaleció durante años la imagen por encima de las capacidades y esto llevó a una distorsión en el objetivo de la democracia, pues por encima del buen gobierno, estaba la apariencia cercana a los personajes de telenovela.

En alguna ocasión recibí un reclamo de Tony durante la filmación de unos promocionales de campaña y fue contundente: “No lo vayas a mostrar como actor de cine por favor”.

Tomas Yarrington me decía hace tres meses que para el país vienen tiempos muy difíciles, pues basar el gobierno en la asistencia social como medio para garantizar una base electoral, sólo es posible mientras las finanzas aguanten, pues los recursos no son infinitos y tarde o temprano se agotarán, ya que la asistencia social es gasto, no inversión productiva.

Me anticipó también que muchos por intento de sobrevivencia política “brincarían”, unos a la nueva marca para intentar regresar al monopartidismo y otros, a las siglas de moda en el estado para garantizar temporalmente algo de tranquilidad durante el resto del sexenio estatal.

Amplia visión política que anticipó las expectativas y que, posterior a las elecciones pasadas, nos hacen pensar en las dos opciones que tuvieron; consolidarse o atrincherarse.

Ahora hay que dilucidar por cuál de ellas optaron, si fue para dar basamento a una ambicion personal o fue para garantizar impunidad a futuro.

Esto tal vez se defina pronto, la ruta que se trace tal vez sea la correcta o tal vez no, ejemplos de ello existen muchos en la política mexicana, un movimiento a tiempo puede dar certeza y credibilidad, una omisión puede impedir la posibilidad.

En esa disyuntiva está el gobernador de Ustedes, optar por la comodidad o buscar con ahínco el espacio nacional, ser cola de león o cabeza de ratón, su partido le ha abierto las puertas, pero él también ha sabido construir la fuerza interna necesaria para aspirar.

Algo tienen en común el Gobierno Federal y el Gobierno Estatal, su proclividad para obtener simpatía basada en la asistencia social, esto es percibido por 7 de cada 10 electores y tal vez haya sido la causa de la baja participación electoral en el último ejercicio democrático.

Pero no crean que los culpables sean ellos, quienes detentan el poder, los verdaderos culpables son quienes se niegan a acceder a mayor educación y se conforman con lo poco que les dan, pues las estrategias políticas se basan en estudios bien estructurados que anticipan el comportamiento social.

Lo escribimos al principio de este artículo, la política es cuna de oportunidades. La circunstancia ahí está, sin embargo, un mal cálculo puede hacer que se pierda LA OPORTUNIDAD.

Jorge Alberto Pérez González

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