Foto: Captura.
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Tal parece que la mejor arma de Andrés Manuel López Obrador para consolidar su estilo de gobierno radica principalmente en el conocimiento empírico de la historia de este país.

Lo escribo porque no concibo el que la estrategia de la oposición siga siendo la del enfrentamiento y la colisión, en lugar de la disyuntiva que ofrecen las múltiples salidas para el convencimiento real de una sociedad que ya no cree en nada, pero que anhela creer en algo.

Si bien todo parece indicar que se opera la lengua por ocurrencias, habrá que ver los resultados medidos, en función del sueño de una sociedad que ha vivido sumida en la injusticia, en la inseguridad en el futuro y en la violencia criminal que ha ido en ascenso en los últimos sexenios.

Fueron 30 millones de votos los que recibió el Presidente para ocupar su lugar en Palacio Nacional. Si se requieren 3 mil millones para pagar el costo del avión presidencial, los cachitos a 100 pesos (no a 500) le pueden dar la solución.

Pero ese no es el fondo, lo verdaderamente lamentable es que la oposición es un cero a la izquierda, sin valor alguno, pues no se percatan de las verdaderas intenciones de un llamado así a la ciudadanía.

El no conocer la historia obliga a repetirla.

No tenemos que ir muy lejos en la memoria colectiva, pues esta ha pasado el conocimiento de boca en boca, de generación en generación y solo hay que remontarse al 18 de Marzo del 1938.

En esa fecha, Lázaro Cárdenas Presidente de México, decidió nacionalizar la industria petrolera, adquiriendo una gran deuda imposible de pagar de acuerdo a las finanzas gubernamentales de la época.

Sin embargo su gobierno apostó por un respaldo popular inimaginable para muchos, que fue obtenido gracias a un discurso patriótico perfectamente elaborado y respaldado con un aparato propagandístico de resultados realmente sorprendentes.

La deuda completa a las compañías extranjeras El Águila y Huasteca, fue pagada en su totalidad antes de que concluyera el sexenio cardenista.

La crónicas de entonces daban cuenta del apoyo de las masas para recabar lo necesario, los libros de historia nos mostraron las filas interminables en Palacio Nacional del pueblo cargando chivos, gallinas y mazorcas, para ayudar al gobierno a pagar su deuda, pues a partir de esa fecha, el petróleo que ya era nuestro, dejaría las ganancias de su producción, en suelo mexicano.

En ese entonces no solo los campesinos del Estado de México acudieron al llamado nacionalista, también la clase media y los poderosos de entonces alzaron su voz y abrieron su cartera, pues el sentimiento fue mucho y lo supieron encauzar.

El petróleo tuvo pues, una dimensión simbólica extraordinaria que movió a las masas, los primeros en manifestarse fueron los estudiantes de la UNAM, cientos de ellos desfilaron frente a Palacio Nacional mientras en el balcón un trémulo General Cárdenas ondeaba el escudo de la Universidad.

La Primera Dama, convocó a las esposas de los funcionarios gubernamentales y a la sociedad civil, para abrir centros de acopio en recintos importantes como el Palacio de Bellas Artes, logrando con ello las imágenes más sensibles con el pueblo.

Una mujer entregando su vestido de novia, una anciana donando su argolla matrimonial, los niños rompiendo su alcancía de cochinito de barro para aportar el contenido en monedas de 2 centavos, un ama de casa, entregando cuchillería de plata, otra el abrigo, otra la estola, otra más sus aretes de brillantes. Pero llegaba de todo: muebles, máquinas de coser y hasta ropa y calzado.

No dudo en lo más mínimo que muchos actos fueron espontáneos, como tampoco pongo en tela de duda la estrategia del discurso nacionalista y patriótico, como base fundamental para lograr mover a la acción a un pueblo sumido en el marasmo.

No piensen que el presidente de entonces fue tonto, pero tampoco lo piensen del actual. Podemos hacer burla y escarnio por medio de memes y gracejadas, pero no podemos negar que el avión es un sueño.

Lázaro Cárdenas ordenó en aquel entonces colocar una manta en cada centro de acopio, conocidos como CREN (Centro de Redención Económica Nacional) cuyo subdirector era el empresario Emilio Azcárraga, una manta con una leyenda que decía: Mujer LA PATRIA NECESITA TU AYUDA.