Tuve la oportunidad de ver un documental llamado “Tan plana como un encefalograma”, muy recomendable, en el que muestran a un grupo, cada vez mayor, de personas que niegan que la Tierra tenga curvatura alguna. Así como se lee. De hecho se reúnen en congresos, conferencias y desde luego a través a de las redes sociales, para vender la idea de que hemos sido engañados durante mucho tiempo, y que nuestro planeta es, en realidad, tan plano como una mesa. La primera reacción ante algo así, suele ser de burla. Pero en el documental tratan de entenderlos.

Lo cierto es que este movimiento de la “Tierra plana”, tiene algunas características similares que los movimientos políticos, religiosos o deportivos, en los que la radicalización es la norma. No importa qué tantos datos, información, investigacionesz, experimentos, o historia exista al respecto, lo importante es partir de una idea “rebelde”, fabricar antagonistas (los malos de la película, que en el caso de los “terraplanistas” serían los científicos, las élites), sentirse víctimas de algún tipo de abuso o de engaño, seguir a algún o algunos personajes carismáticos, y tener un menú de argumentos bien trabajados, pero con poco o nulo sustento en la realidad, y entonces salir al ataque o a la defensa, según sea el caso. Después se convierte en una guerra de dichos, en la que pareciera que se está defendiendo a un equipo de futbol, y sí, se generan amistades y vínculos humanos importantes.

El hecho de que existan miles de personas que se han adscrito a este movimiento de la Tierra plana nos dice mucho de hasta dónde se puede llegar con el pensamiento colectivo tóxico, y el grado de ampliación que le pueden dar las redes sociales.

APUNTE SPIRITUALIS. El problema con la burla hacia estos grupos, es que ellos lo convierten muy fácilmente en municiones de victimismo, y los hacen más fuertes y más unidos. La solución no es fácil, pero quizá el método socrático, o el tratar de experimentar junto con ellos, como lo sugiere el documental, pudiera ser un mejor camino.