FOTO: Posta- Saúl García
FOTO: Posta- Saúl García

Por cuestiones familiares estuve esta semana en Washington D.C. la capital del país más poderoso del mundo, esta ciudad cuenta con 2 aeropuertos, uno intercontinental (Dulles) y otro para conectividad local (Reagan), actualmente este último tiene un proyecto de remodelación desde el 2017 de 1 Billón de dólares.

Resulta sorprendente que allá, no quieran tener en su capital el aeropuerto más moderno del mundo y que no les alcance para invertir 3 Trillones de dólares para presumir al mundo su poderío económico.

Esta cita de experiencia personal no pretende influir en el ánimo de nadie, pues realmente viajo poco como para considerarme un experto en el tema de los aeropuertos, sin embargo, desde la compra del avión presidencial por parte de Felipe Calderón, el tema comenzó a interesarme, a veces pienso que para el poder importa más la presunción que la ubicación.

Esto nos lleva al tema de las bolsas de valores, pues pareciera tal vez, que en ocasiones como ciudadanos nos falta entender que es lo que tenemos y cómo podemos mejorarlo en vez de destruirlo.

La bolsa de valores, cualquiera que esta sea, requiere de 3 elementos básicos para operar, unos son los demandantes de capital, otros los oferentes de capital y por último los intermediarios.

Los oferentes son los inversionistas, que son los ahorradores que buscan hacer rendir su dinero desde diferentes versiones que ofrece la bolsa, hay quienes no les interesan los riesgos y buscan invertir en valores de renta fija, como las letras del Tesoro o los Bonos federales, hay quienes invierten a largo plazo y buscan mayor rentabilidad a través de dividendos, ampliaciones de capital o estrategias de composición de portafolios para proteger su dinero, pero también hay inversionistas a corto plazo, que arriesgan gran parte de su capital buscando rentabilidad alta.

Esta última es cuestionable, desde el punto de vista moral, pues está basada exclusivamente en la especulación.

Los demandantes de capital pueden ser empresas, organismos privados y desde luego también organismos públicos. Ellos con su participación, buscan el crecimiento sostenido y con la confianza de los ahorradores pueden lograr su cometido.

Por ultimo están los intermediarios, las agencias, sociedades de corretaje, las casas de bolsa y los agentes individuales. A ninguno de estos le interesa la desconfianza en el futuro, pues de esto viven.

La función de las bolsas de valores es canalizar el ahorro hacia la inversión para coadyuvar en el proceso de desarrollo económico, sirve para poner en contacto a las empresas y a las entidades necesitadas de recursos de inversión con los ahorradores, le dan liquidez a las acciones y valores y certifica los precios del mercado.

Todas las bolsas sufren riesgos por los ciclos económicos, estos pueden producir elevación o reducción de precios de las acciones o títulos, ganancias o pérdidas de los participantes, pero lo que no pueden perder es la credibilidad y la confianza, pues los resultados son catastróficos.

Un error político se puede convertir en un problema psicológico que se lleve los precios de los títulos a una reducción importante, lo acabamos de vivir esta semana, todos estamos conscientes de que las comisiones bancarias son exageradas en nuestro país, basto solo la iniciativa en el senado para regularlas para hundir las acciones de la mayoría de los bancos.

La especulación logró lo que no pudo hacer la consulta amañada sobre el futuro del nuevo aeropuerto de México, desde luego que esta no surgió espontáneamente, mucho tuvo que ver la campaña mediática inducida desde las redes sociales y el detonante desde la cámara de senadores.

Y todavía no llega el nuevo gobierno federal.

El barómetro es un instrumento para medir la presión, para poder medir el comportamiento económico de un país, solo hay que recurrir a LAS BOLSAS.