Con el nuevo Gobierno todo ha sido vertiginoso. Con la velocidad y prisa que trae el Presidente muchas cosas se pierden de vista, otras se diluyen y otras más terminan por quedar entre lo mal o medio mal hechas.

Se ha creado en varios asuntos una insensibilidad que no tiene que ver con lo que pregona y defiende el Gobierno. Esa insensibilidad lleva a que se coloque a los trabajadores entre los que son de primera, los que son de segunda y los que son corridos y sacados por la puerta de atrás.

Esto último ha venido pasando en la forma en que se han tomado decisiones para despedir, o no volver a contratar, a muchos trabajadores contratados bajo el régimen de servicios profesionales. Digamos que en estos casos la forma ha sido el fondo.

Los también llamados “eventuales” a menudo no se contratan de base porque, además de que eventualmente no hay plazas, tratan de tener varios empleos en la búsqueda de mejores ingresos, independientemente de que también se pueda deber a razones profesionales e, incluso, de intereses particulares.

En medio de la muy sana política de ahorrar y transparentar al máximo se están llevando entre las piernas a mucha gente. Es muy probable que haya una buena cantidad de contrataciones sin sentido y que varias personas estén haciendo el mismo trabajo, se reconoce si es que lo hacen, y que su cargo se lo deban al amiguismo, porque es familiar del jefe, o porque no hay de otra que contratarlos debido a que se la “deben” a alguien.

Este tipo de situaciones son las que desacreditan a la burocracia. Todo forma parte de una falsa y desaseada estructura formada a lo largo de muchos años. Pasa por la perversidad política que lo que intenta es mantener formas y componendas con un sinfín de usos, empezando, por supuesto, por los políticos.

A lo largo del sexenio de Felipe Calderón se contrató a mucha gente de confianza sin ton ni son, se decía que se debía a lo que llamaban “pago de favores”. El hecho acabó por perjudicar a quienes eran contratados por servicios profesionales y que llevaban a cabo un trabajo concreto y, sobre todo, útil.

Quienes son contratados por servicios profesionales no son un problema como se ha querido hacer ver estos días. Más bien son una solución para enfrentar temas que tienen que ver con las actividades y desarrollo de los gobiernos, los cuales no tienen personal especializado que lo pueda resolver.

En la mayoría de los casos no tienen prestaciones, seguro médico ni aguinaldo. Viven bajo contratos eventuales que igual son por un año que por tres meses o por proyecto.

Cuando más se padece es cuando cambian las administraciones. Los nuevos funcionarios llegan con “su gente” lo que provoca que mucha gente se queda sin chamba; se van por la puerta que entraron sin pena ni gloria para así pasar de manera oficial al ejército del desempleo del país.

En el nuevo Gobierno algunos han tomado caminos parecidos. En el área de cultura hay mucho caos y, sobre todo, muchas interrogantes respecto a lo qué pretenden hacer y cómo ven las cosas. El caso del despido del director de la Biblioteca Vasconcelos, Daniel Goldin, muestra la insensibilidad que el nuevo Gobierno no se debe permitir. Le dijeron algo así como “desocupa la dirección y bájate uno de los escritorios al sótano”. Goldin dirigió por cinco años la biblioteca, los cuales fueron, a decir de mucha gente especializada en el tema, luminosos.

Las formas que ha utilizado el nuevo Gobierno para despedir a muchos trabajadores de varias dependencias han sido groseras. No todos los trabajadores contratados por servicios profesionales caen en el estereotipo que se ha creado y alentado en esta administración.

La gente se merece respeto en forma y fondo, independientemente de los planes de los que ya llegaron.

RESQUICIOS.

Más de tres mil 500 soldados está enviando Trump a la frontera con nuestro país. Dice que estamos peor que Afganistán y por acá andamos con que se nos apareció la vieja y afamada frase del querido Bora Milutinovic.