Justo después de que el presidente Donald Trump presumiera a su gente que él es un “nacionalista”, haciendo un claro contraste con los “globalistas”, (que según él son quienes “quieren que al mundo le vaya bien pero que no les importa tanto su propio país”), ocurre un intento de ataque con bombas caseras a personajes críticos con el presidente: Barack Obama, Hillary Clinton, George Soros, CNN, que son íconos de la izquierda norteamericana y que han resultado incómodos para Trump. Esta situación, precisamente, recuerda mucho a una de las actitudes nacionalistas más nocivas, la de “nosotros contra ellos” a través de la fuerza.

Aunque hasta el momento en que escribo estas líneas hay todavía muchas preguntas sobre quién o quiénes estuvieron detrás de estos ataques, muchos han hecho la lógica conexión entre el ambiente de odio que vive Estados Unidos y estos actos de terrorismo. A reserva de que las autoridades den más detalles al respecto, lo cierto es que se envía un mensaje de terror a menos de dos semanas de las elecciones intermedias, y que tiene tintes nacionalistas radicales.

Desde luego no se puede culpar única y directamente a los líderes políticos o a los medios de comunicación. Los primeros culpables de estos actos siempre serán sus perpetradores, y son quienes tendrán que pagar las consecuencias legales. Nada puede justificarlos. Con un poco de madurez se puede discutir con mucha pasión y sin violencia. Pero sí existe un grado de co-responsabilidad, cuando en una sociedad de por sí polarizada y dividida, el presidente sigue utilizando el lenguaje intolerante y además motiva en sus propios mítines los cantos insultantes y de violencia verbal. Esa actitud “nacionalista” radical, no ayuda en nada.

APUNTE SPIRITUALIS. Se esperaría entonces que a partir de esto, Trump baje la temperatura de su retórica, y tenga cuidado con términos como “nacionalista”. Pero lo más probable es que no será así, y que la mejor forma de contrarrestarlo sea a través del voto demócrata el próximo martes 6 de noviembre.