No sorprenden las declaraciones de Porfirio Muñoz Ledo sobre la situación que viven los migrantes, son consistentes con lo que viene diciendo y señalando sobre la cuestionable estrategia del Gobierno.

Lo que sí llama la atención es la reacción de sus correligionarios legisladores de Morena. En sus afanes de defender lo que hace Gobierno y perdiendo de vista la crítica como proceso constructivo terminan por vivir en una especie de mundo paralelo que no tiene que ver con lo que padece la mayoría de los migrantes.

Se han buscado explicaciones sobre lo que pasa, señalando a personajes que presumiblemente organizan las caravanas. Lo delicado del tema es que pasan por alto que, independientemente de ello, sin duda, de necesaria atención y acción, el problema se centra en los motivos de origen de la migración.

Muchos de los argumentos que se han presentado últimamente colocan como premisa a las organizaciones delincuenciales que se encuentran detrás de la migración.

Sin embargo, esto no soslaya la estrategia del Gobierno mexicano, que tiene como eje atemperar la migración, para evitar, todo indica, un conflicto con el gobierno de Trump.

En medio de este escenario se ha perdido la sensibilidad para entender, y atender a los migrantes como parte de una política social y de pleno respeto de sus derechos humanos; y también como un asunto que nos es propio. Si bien la migración mexicana se ha reducido, no ha desaparecido, a lo que se suman los millones de connacionales que se encuentran en EU sin papeles.

La relevancia de la actitud y el discurso de Porfirio Muñoz Ledo tiene que ver con que viene de un personaje que no hay manera de colocar en contra de Morena, del Gobierno o del mismísimo Presidente.

El legislador está contando lo que ve. Denunció la puesta en escena que presentaron a los diputados en la frontera sur para justificar lo injustificable. Lo delicado del asunto es que no se les haya permitido a los legisladores ver lo que se vive en la frontera sur, insistimos: el asunto adquiere mayor gravedad ante la actitud pasiva del resto de los legisladores.

Tarde que temprano íbamos a llegar a este momento, digamos que nos ha alcanzado la política de evitar un conflicto con Trump. Todo esto nos está llevando a que el país rompa sus propias reglas, las escritas y no escritas, sobre la migración.

Es presumible que a lo largo de la campaña presidencial en EU, los migrantes latinos, la mayoría de ellos mexicanos, sean señalados y fustigados. La cuestión es qué tanta autoridad va a tener el país y el Gobierno para reclamar, cuando en nuestro territorio el trato a los migrantes es por innumerables razones cuestionado.

Desde hace meses se ha presentado una serie de críticas al estatus que están viviendo los migrantes, particularmente en la frontera sur. En muchos casos se han desacreditado con argumentos más ideológicos, de partido y de Gobierno, que con elementos concretos.

La crítica de Muñoz Ledo es puntual y llega en muy buen momento. No va a ser suficiente con argumentar que se respeta su opinión; estamos ante la oportunidad de repensar y rediseñar lo que estamos haciendo.

Es importante este proceso, porque además de respetar los derechos de los migrantes, y de nuevo insistir en que es un problema multilateral en el cual está particularmente EU, nos va permitir tener autoridad ante la sociedad estadounidense cuando el tema migrante se coloque en la mesa, en las campañas por venir en el vecino país.

No hay que darle muchas vueltas al asunto: Porfirio Muñoz Ledo, simple y sencillamente, denunció lo que ve y lo que sabe.

RESQUICIOS.

Carlos Slim ponderó algo importante: “ha habido resultados en la economía”. Seguramente, esta mañana el Presidente le podría poner una estrellita. El ingeniero también lanzó otra afirmación: “hay que agilizar más los proyectos de inversión”, lo cual sigue siendo un “debe” que no se destraba