Las autoridades locales y federales deben ser cuidadosas en casos como el de Torreón. Soltar información sin claridad sobre lo que pasó y lo que hay detrás termina por ser un problema más al que se tiene.

Las declaraciones del gobernador de Coahuila no ayudaron a tener claridad de lo que de suyo era y es un gran problema. No se puede hablar de videos como si fueran una especie de elemento motivacional para tomar una decisión como la de José Ángel.

Es entendible querer salir de inmediato para dar explicaciones y evitar vacíos informativos; sin embargo, pueden surgir una gran cantidad de contradicciones que al paso de los días confundan aún más o pongan en evidencia a la propia autoridad.

Con matices, algo similar le pasó a la autoridad federal. Informó sobre el entorno del menor mostrando la presunta relación que tendría su familia con la delincuencia organizada. Se aseguró que su madre había muerto por estrangulamiento, pero más tarde se supo que había muerto en cirugía y que la abuela había sido asesinada en 2010 por heridas de bala.

Lo que va quedando claro es que hay elementos para establecer que el padre de José Ángel tenía nexos con la delincuencia organizada y que había sido detenido por tráfico de drogas en EU, por lo cual purgó una condena de dos años y cuatro meses siendo liberado y deportado a México el 28 de octubre de 2019. (Información dada a conocer ayer por el periodista Javier Garza Ramos).

Dentro de lo brutal que son las cosas y reconociendo, como hemos insistido, en su excepcionalidad, hay elementos que deben considerarse de manera inmediata. Se podrá decir aquello de que ahogado el niño se tapa el pozo; sin embargo, más vale hacerlo por los niños y los adolescentes.

El caso de José Ángel resulta de gran complejidad, porque siendo que hay una exposición cotidiana de los niños y jóvenes a las armas, se suma que con el menor existe la presunción de que vivía en un entorno ligado a la delincuencia organizada. Las armas, todo indica, eran parte de su cotidianidad.

En medio de la brutal violencia bajo la cual viven los menores, la ven como parte de sus vidas y su crecimiento sin distinguir terrenos. Lo que ha vivido y vive el país ha venido cambiando el sentido de nuestras vidas y cotidianidad perdiendo de vista las consecuencias de ello.

Los menores están expuestos a una gran cantidad de estímulos de todo tipo ante lo que no se ha construido un debido proceso formativo. En medio de la revolución que están provocando las nuevas tecnologías y sus hábitos, de alguna u otra forma todos estamos bajo nuevos procesos de enseñanza aprendizaje.

En muchos casos hemos reaccionado sobre la marcha, porque no tenemos parámetros para entender lo que se está viviendo; todo camina de manera brutalmente vertiginosa. Lo que hoy parece ser el punto de partida ante un nuevo desarrollo tecnológico al día siguiente puede formar parte del pasado.

A esto se suma la nueva conformación de las familias. La vida económica y social en muchos casos impide un trato desigual de atención y comunicación con los niños. No es nostalgia, lo que hay que atender es la nueva dinámica de las relaciones familiares muy distinta de lo que se vivió hace 20 o 30 años.

No es fácil entender para un niño por qué los maestros al ruido de las balas les piden que se metan debajo de las bancas. No va a ser nada fácil explicarle a los menores cómo su compañero de clase y escuela les disparó indiscriminadamente y luego se disparó.

Entendiendo la excepcionalidad de lo sucedido en Torreón, no se puede perder de vista que algo anda fallando y las consecuencias están peligrosamente entre nosotros.

RESQUICIOS.

De nuevo va a estar a prueba el muro fronterizo que a querer o no se ha construido en nuestro país. Ya lo había anunciado la titular de Gobernación que estaba por salir una caravana de migrantes desde Honduras; le seguiremos haciendo la chamba a Trump.