Como lo hemos visto a lo largo del año el contundente triunfo de Andrés Manuel López Obrador dejó a la oposición materialmente postrada.

No hay hasta ahora un solo signo que permita suponer que se hizo algún tipo de acuse de recibo respecto al tsunami que los arrasó, los partidos de oposición siguen en shock.

El triunfo de López Obrador los desarticuló. Si algo pretende representar el tabasqueño es exactamente lo contrario de ellos. Más allá de este trompicado año no hay duda de que hay indicios de que el tabasqueño efectivamente pretende hacer las cosas de manera diferente, aunque en el camino ya haya indicios de su empatía por el pasado remoto.

Algunas expresiones y acciones encuentran similitudes con gobiernos como el de Luis Echeverría, reconociendo que en las formas de hacer las cosas existen diferencias marcadas entre el exmandatario y el actual.

El Presidente lo sabe muy bien y por ello trae a toda velocidad y a su modo al Congreso. Entiende que el ejercicio del poder lo puede colocar en situaciones apremiantes en el próximo proceso electoral. La encuesta de El Universal de la semana pasada muestra indicios del inevitable desgaste del poder por un lado, y los cuestionamientos ciudadanos a la política de seguridad por el otro.

La desarticulación de la oposición le sigue permitiendo al Gobierno una capacidad de maniobra considerable. En muchas negociaciones en el Legislativo, Morena se encuentra con una mayoría que le permite moverse con cierta libertad. Cuando no le alcanza intenta convencer y si no, se asegura, acude a intimidaciones que parten del cuestionable y fustigable pasado de muchos legisladores.

La oposición se ha dedicado a señalar y criticar al Presidente y a su Gobierno. Podrá tener razón, pero en muchas ocasiones más bien forman parte de corrientes de opinión más que de planteamientos formales de un partido político de oposición.

Estos escenarios han hecho que surjan con enorme fuerza los medios y las redes, si bien desde cualquier situación estarían presentes está claro que las condiciones actuales les abren un espacio particularmente atractivo que han aprovechado y ganado.

Es por ello que las mañaneras han adquirido tanta relevancia. Ante una oposición que no se hace valer en el Congreso los medios y las redes se han convertido en el interlocutor, en un buen número de casos incómodo, del Presidente.

Los debates matutinos podrán ser rudos y confrontados, pero al final es ahí en donde se está dando el debate público. En el Congreso se toman decisiones con una mayoría que no necesariamente es afín al debate, a lo que se suma lo que se mencionaba: sigue desconcertada y obnubilada sin poder superar el tsunami.

Bajo esta dinámica los medios y las redes, independientemente de la manipulación que existe en ellas, son una suerte de oposición con una infinidad de variantes en tiempos de fifís y chairos.

Si el Presidente supuso que su relación con los medios iba a ser diferente perdió de vista la evolución que han tenido éstos; medios y redes vienen construyendo dinámicas distintas en nuestra sociedad.

Hoy las cosas son muy diferentes reconociendo que el Presidente ha alentado los nuevos escenarios con las mañaneras. Los medios son el eje del debate y el cara cara con el Presidente y es por ello que el mandatario no deja espacio vacío alguno, sabe bien que las mañaneras determinan en buena medida la agenda y los temas a discutir en el día.

Esta coyuntura efectivamente obliga a los medios de comunicación a un mayor escrúpulo y profesionalismo en su cotidianeidad.

Son nuevos escenarios y, aunque la oposición logre medio estructurarse, los grandes temas del país seguirán pasando por las mañaneras, las cuales son al mismo tiempo debate, información y mensajes desde el púlpito.

RESQUICIOS.

Va quedando claro que si bien Evo Morales es parte importante del conflicto boliviano, lo que se ve es que el país está en una coyuntura confrontativa y polarizada con o sin el expresidente.