Donald Trump ya podría quitarse la obsesión del muro fronterizo, en los hechos, nuestro país ha venido construyéndolo en las dos fronteras con la Guardia Nacional.

Cuando en octubre de 2018 el Presidente electo López Obrador invitó a los migrantes centroamericanos a que vinieran a México a trabajar, abrió la Caja de Pandora. Muchos centroamericanos encontraron en la propuesta, la posibilidad de venir a México, sin perder de vista que en la casi totalidad de los casos los migrantes tienen el objetivo de llegar a EU.

La molestia inicial de Trump tiene que ver con esto. En la propia embajada se preguntaban por qué lanzaron una invitación de esta naturaleza, siendo que México es trampolín, no destino, y que por más que el país ofrezca alternativas, los migrantes tienen definido su objetivo.

La severidad de Trump tiene que ver inicialmente con esto, a lo que se suma su visión racista y discriminatoria. El Gobierno mexicano se vio presionado y no tuvo capacidad de reacción, porque su estrategia, por más generosa que pudiera verse, afecta directamente a los objetivos de Trump.

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El ofrecimiento de empleo no se concretó del todo y hoy ya estamos con un problema delicado y sensible que, además, nos coloca en el trabajo sucio; el mismo que históricamente se ha señalado y criticado.

Hace unas semanas, la titular de Gobernación anunció que se estaban organizando nuevas caravanas migrantes; la información, ya se vio, era precisa. La cuestión es por qué, a sabiendas de ello, no se desarrolló una estrategia de contención, más que de confrontación y violencia, como lo vimos ayer.

Estos días, de nuevo el Presidente ofreció empleos, y de nuevo se generaron expectativas, no para venir a México, sino para usar el territorio nacional para tratar de acceder a EU.

Los migrantes no encuentran en nuestro país una alternativa, porque no lo somos; más bien nos hemos convertido en una pesadilla. A los problemas de cruzar México, con toda la inseguridad que existe, ahora se suma el hecho de que se han creado diques en la frontera que se están convirtiendo, además de todo en un problema de derechos humanos y en una oprobiosa imagen para el país.

Sigue sin haber indicios de que las condiciones económicas, políticas y sociales de Honduras, El Salvador y Guatemala estén cambiando. Los proyectos que se imaginaron no se han instrumentado y la vida de muchos ciudadanos en estos países sigue estando bajo la violencia, la inseguridad, la pobreza y el sistemático riesgo.

Los lamentables hechos de ayer en la frontera sur muestran una problemática múltiple que no puede ser vista por ningún motivo bajo la bilateralidad. Mientras Trump no entienda que el problema es de todos y que se deben buscar soluciones entre todos, no sólo enmarcadas por una presunta buena voluntad particularmente mexicana, seguiremos enfrentando problemas serios que tarde que temprano pueden detonar en conflictos sociales de gran envergadura.

No había necesidad de ofrecer de nuevo empleos para los migrantes en el país. La pasada experiencia mostró que no es una salida y que si algo evidenció, es que al grito de hay empleos en México, muchos centroamericanos encontraron la opción y el pretexto para llegar al país y desde aquí buscar la manera de cumplir su objetivo, el cual, va de nuevo, es llegar a lo que ya no es “el sueño americano”.

El costo que como país ya estamos pagando es alto, lo que nos coloca muy lejos de ser lo que hace días se dijo, en el sentido de que ya nos están viendo de nuevo como “el hermano mayor” de América Latina.

El flujo migratorio no va a parar. El país y el Gobierno podríamos enfrentar un problema de gran envergadura, da la impresión que por ahora sólo estamos en los prolegómenos.

RESQUICIOS.

En Morena se viene una confrontación que puede tener consecuencias en el 2021. A este paso, no vaya a ser que para 2024 surja un candidato que logre conciliar intereses de la oposición, emanado del propio partido.