Como se preveía, las cosas en Morena entraron en un callejón sin salida. Por más que el Presidente se quiera hacer a un lado, todo apunta a que algo tendrá que hacer para destrabar el gran lío.

A Morena le está costando mucho trabajo institucionalizarse. No es lo mismo trabajar en la construcción de la organización, alentados por una campaña política a todas luces favorable, a tener que sentarse y ponerse de acuerdo para organizar el partido y dirimir, en ámbitos democráticos, la estructura y dirección del mismo.

Morena se movía al son que imponía López Obrador. En su creación y en la campaña todo se hacía como lo imponía y decidía el tabasqueño. Todos sabían que había muchas opiniones, pero que quien acababa determinando y definiendo las grandes decisiones era el hoy Presidente.

El tiempo cambió, están obligados a ponerse de acuerdo sin que intervenga la mano que mece la cuna. No tienen a quién acudir para decidir sus grandes asuntos, porque además el Presidente, todo indica, que le ha tomado distancia al partido.

A López Obrador, seguramente, no le faltan ganas de dirigir el partido. Se asegura que hace algunos días en su gira por Quintana Roo, lanzó declaraciones dignas de anotarse: “Estamos igual que nuestros adversarios… lástima que la Presidencia me impide dirigir también Morena, sería lo más benéfico para el movimiento; yo lo haría mejor que cualquier otro”.

El partido se está jugando su presente, pero, sobre todo, como le decíamos hace unos días, está peleándose por el futuro sin consolidar el presente. Si les termina por ir bien no se va a deber a sus virtudes o a las formas en que se están organizando, es evidente que no tienen a nadie enfrente.

Da la impresión de que por ahora la razón de una derrota, la cual se ve lejana, podría estar en el lío que se traen, porque si no logran resolver de fondo el problema podrían darse divisiones o más confrontaciones que podrían repercutir en el ánimo de los votantes. No se ve la derrota de no ser que los propios morenistas la construyan, como de hecho lo han venido haciendo sin quizá darse cuenta.

Un escenario que deben atender es que Morena no es inmune a una eventual derrota. Es probable que les gane la soberbia y que no alcancen a apreciar las consecuencias de lo que están viviendo. Se sienten intocables, y si bien la vida del país les es profundamente favorable, no quiere decir que no se les puedan revertir escenarios que ellos mismos provocan.

Lo que vive Morena tiene su significado, porque por lo menos en el papel pareciera que se está definiendo el 2024, y porque también está en la mesa la relación que debe guardar el partido con el Presidente; quizá está en medio el rompimiento del cordón umbilical con todas las consecuencias que esto traerá.

Las declaraciones de Muñoz Ledo tienen un tono retador hacia el Presidente: “Si López Obrador quiere partido, que me apoye”. El viejo dirigente quiso tomar posesión ayer, pero una singular manifestación en las puertas de la sede del partido se lo impidió. No se alcanza a apreciar ningún elemento que pudiera hacer cambiar la decisión de Muñoz Ledo, va a insistir en tomar posesión a como dé lugar.

La gran incógnita es hasta dónde dejará López Obrador que lleguen los líos. Si mete mano creará un mal antecedente para el partido, pero si no lo hace no se ve cómo se pueden resolver las cosas.

El uso del lenguaje es cada vez más rudo y bien se sabe que muchas veces deja heridas difíciles de restablecer. Lo que le pase a Morena va a trascender a la vida del país y debe considerar que más que los pronósticos le sean hoy favorables no van a ganar solo con estar en la boleta.

Más les vale que no se sientan intocables.

RESQUICIOS.

Dice el Presidente que está muy “raro” lo del robo de medicinas para niños con cáncer. Lo verdaderamente raro ha sido lo que el Gobierno ha hecho estos dos años en la materia, basta preguntarle a los papás y mamás de los niños.