El problema para Morena no es tener diferencias internas, la cuestión está en cómo le van a hacer para resolverlas, tomando en cuenta que cada vez son más los intereses que se van creando; es el partido político más poderoso, influyente y con mayor crecimiento.

Los problemas internos le van apareciendo a Morena. No es lo mismo ser partido en formación, en campaña, que ejerciendo el poder; son signos de la fuerza que ha adquirido.

Uno de los grandes enigmas que enfrenta es conocer si el Presidente va a meter las manos en las principales decisiones del partido. La lógica indica que bajo el perfil que tiene, el Presidente difícilmente dejará pasar las cosas si no le parecen.

López Obrador debiera saber que lo mejor que le puede pasar a futuro al partido es que sean las propias fuerzas internas las que determinen qué hacer y cómo hacerlo; deberá recordar que las decisiones cupulares rompen los equilibrios de los partidos políticos, por más que él sea la representación plena del poder mismo.

Lo que es un hecho, es que son los propios morenistas quienes buscan al tótem. Hace unos días, el Presidente planteó la posibilidad de asistir al congreso de Morena, sólo que para que lo hiciera, fuera “de preferencia en domingo, para que pueda ir”. Mario Delgado, uno de los suspirantes a la presidencia del partido, tomó el reto de inmediato y dijo que se buscará que sea en una fecha en la que pueda asistir el Presidente; dicho de otra manera: será en domingo.

Lo que en Morena se debe considerar es que no necesariamente es un buen indicador para el rumbo del partido, la lopezobradorista dependencia. Morena tiene que buscar a toda costa su dirección y dinámica propias porque la dependencia lo va a colocar bajo una dinámica individual, más que colectiva.

Hace unos días nos decía Yeidckol Polevnsky que el Presidente tenía mucho trabajo como para estar preocupándolo por lo que pasa en el partido. La lógica indica que tiene razón; sin embargo, la cuestión está en si bajo la coyuntura que vive el partido, se puede mover sin la mano que mece la cuna.

La idea de que el Presidente es un ente omnipresente tiene que ver con la forma en la que ha desarrollado su trabajo estos meses y en la forma en que lo ven sus furibundos seguidores. Las mañaneras han producido un fenómeno por el que se hace presente a toda hora.

Hay quienes aseguran que el Presidente se concentra en su agenda y deja que su equipo se encargue de lo que son sus responsabilidades, por más que les lea la cartilla de vez en vez, se aplica aquello de que cada uno a lo que hay que hacer. El enigma, insistimos, es si esta eventual fórmula aplicará para lo que se le viene al partido.

Morena está en medio de una delicada transición. El lance entre Martí Batres Y Ricardo Monreal no sólo tiene que ver con quién encabece la presidencia del Senado; se está jugando también la presidencia del partido, con dos formas de ver el futuro.

Batres, a querer o no, representa la izquierda de Morena, en tanto que a Monreal se le ve como un operador efectivo y colmilludo, al tiempo que como un personaje veleidoso.

Las declaraciones de Batres y de la presidenta del partido evidencian lo que piensan del zacatecano desde tiempo atrás, pues fueron coincidentes: “se le han hecho muchas concesiones”.

El proceso de construcción trae todavía muchos pendientes. El liderazgo y peso de López Obrador es incuestionable. La clave está en que los morenistas se planteen qué tipo de partido quieren: si lo quieren a imagen y semejanza de su fundador u optan por un partido institucional, cobijado por el peso de su líder; pero, sobre todo, por la decisión y opinión de sus militantes.

Poco falta para saber cómo le van a hacer; lo que hagan será su destino.

RESQUICIOS.

Sumar los votos de los integrantes de la bancada del PES, porque son de Morena y son “nuestros aliados”, para la elección de la presidencia del Senado, es precisamente hacer todo aquello que se criticó…