A veces es necesario recurrir a la hemeroteca, recordar que en junio de 2010 hizo mucho frío en Tamaulipas y retomar la palabra escrita para tratar de entender por qué a veces hace frío antes de la canícula.

Las voces se escuchan por doquier, el reclamo no es mudo, aunque en la mayoría de los casos las actitudes son las que hay que
interpretar, porque las palabras…, las palabras se las lleva el viento.

Hace nueve años exactamente nueve año, muchos se sumaron a un sueño, un sueño alcanzable, factible, que podía ser realidad, pues cuando desinteresadamente se anotaban pensaban eso sí, en el futuro mediato.

Los esfuerzos fueron muchos, desde cualquier rincón.

La inversión, amén del trabajo fecundo y creador se convirtió rápidamente en una bola de nieve que logró conjuntar poco a poco a todos y cada uno de los actores políticos de la entidad.

Y como los partos, el triunfo fue doloroso, días después la victoria se alcanzó. Se perdió mucho, pero se ganó en las urnas.

La buena ventura de julio no tapó en lo más mínimo la desventura de junio, pero sí cambió los ciclos, sí modificó las actitudes y sí mudó para siempre la perspectiva.

A partir de entonces se comenzó a desgajar el estado, dejando trozos de sueños regados por todos los rincones, para después regar con sus jugos los arroyos confundidos con lágrimas sinceras.

El abandono se sientio cuando ya no hubo a quien recurrir, cuando escasearon las respuestas a las llamadas y también, cuando la mirada ya no decìa nada.

Muchos afanes tirados al cesto, muchas acciones valientes olvidadas, muchos recursos dilapidados que después harìan falta, porque la mayor inversión son los hombres y mujeres que hoy están purgando un delito que no cometieron.

Para que las cuerdas de la guitarra suenen bien, hay que mantenerlas tensas y afinadas.

La vida da muchas vueltas, los muertos nunca se olvidan cuando fueron apreciados.

Los vivos, los muy vivos, a veces se quedan sòlos cuando no tienen memoria, cuando la soberbia los invade o cuando se miran al espejo.

La tristeza que invade a muchos desde que la muerte se presentó, no se puede borrar con nada, pero el desánimo causado por el olvido, trajo consecuencias a mediano plazo, que con el paso del tiempo ya no fue posible enmendar.

Salvo que la instrucción haya sido esa, la entrega absoluta de los ideales, el olvido definitivo de los principios y el abandono total de las banderas, o peor aún, la quema de las carabelas, para que no haya nadie que piense en el regreso.

Pero dejando a un lado las cavilaciones de muchos, es un hecho que todo cambió, tal vez algunos sòlo fueron testigos presenciales y no actores consumados.

La conciencia, si es que la hay, reclamará siempre, pero donde no exista, cobrará con creces a la hora del destino final.

Porque si el cielo no existe, el infierno sí y ese se vive y se sufre en tiempo real y en carne propia.

Los beneficiarios de la tragedia ajena, no podrán disfrutar sus mieles, ya que el clima favorable para algunos, no siempre es el más apropiado para la mayoría, porque la verdad, después del 2010 quedó MUY FRÍO TAMAULIPAS.